Las cuatro estaciones en el Delta del Llobregat

Cuando el invierno tocaba a su fin, en un día especialmente ventoso, Kike y yo decidimos ir al Delta del Llobregat, un espacio natural aunque moldeado por el hombre. Volvimos poco después, cuando la primavera aparecía tímidamente antes del temporal de hace unos días, y tenemos pensado ir de nuevo para ver cómo la zona se vuelve verde y se llena aún más de aves. Y en verano, para darnos un chapuzón y comer en alguno de los chiringuitos cercanos. Y en invierno, para huir del bullicio de la ciudad… Cualquiera diría que nos gustó.

Los espacios naturales del Delta del Llobregat, el segundo humedal de Catalunya, ocupan actualmente cerca de 90 hectáreas en el margen derecho del tramo final del río, mientras que el izquierdo está totalmente urbanizado. Digo actualmente porque el tramo final del río fue desviado a principios de este siglo para permitir la ampliación del puerto, y desde entonces también se ha ampliado el aeropuerto (con la construcción de la T1 y la tercera pista) y se ha construido una desalinizadora.

Pese a las obras y las amenazas que suponen la contaminación, el cambio climático y las especies invasoras, el margen derecho del Llobregat está lleno de vida: ciénagas, estanques litorales (el de Cal Tet, de 75 hectáreas, fue creado para compensar la desaparición de espacios naturales provocados por el desvío del río), pinares (la de Can Camins tiene casi 30 hectáreas de pino piñonero en las que también hay orquídeas y especies raras de hongos)… e, incluso, una playa protegida (la de ca l’Arana, cerrada al público pero llena de aves de todo tipo).

La verdad es que es un lugar muy agradable para pasear, correr, ir en bicicleta y observar pájaros. Hay varios itinerarios marcados, observatorios de aves como los de Cal Tet y el Sabogal, y pequeñas torres de madera desde las que divisar toda la zona como el de Cal Malet, el de cal Beitas o el de la desembocadura, desde el que ver de cerca el final del río, donde las tranquilas aguas se mezclan con el agua salada y las del acuífero del delta, y la playa de Ca l’Arana. Por cierto, si en un día de buena visibilidad reseguís el río con la mirada, veréis Montserrat.

La próxima vez que vayamos, porque volveremos pronto para ver los avances de la primavera y porque hay un montón de caminos por los que pasear, playas por las que perderse y lugares por descubrir, iremos a la caserna de los Carabineros y al edificio del Semáforo, ambos junto al mar, al otro lado del canal. El cuartel fue construido a mediados del siglo XIX para luchar contra el contrabando y vigilar la costa. En 2009, sus muros fueron consolidados y ahora protegen la playa natural que lo rodea y sirve de refugio para distintas especies de ave.

El edificio del Semáforo fue construido en 1887 para regular el tráfico marítimo y los guardia que vivían en él se comunicaban mediante señales lumínicas con el castillo de Montjuïc para avisar de posibles incidencias y naufragios. Consolidado también en 2009, es un mirador excepcional del delta, la playa y el estanque de Can Ricarda. Al otro lado de este estanque, hay las playas de Prat (el ayuntamiento tiene una buena web con información de la zona), la Fundació per a la Conservació i Recuperació d’Animals Marins (CRAM)… y aún más allá, la marisma de Les Filipines, el estanque del Remolar, más playas y la continuación del Parque Agrario.

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