World Press Photo 2016

La World Press Photo recala de nuevo en Barcelona y un año más, muchas de las fotografías son soobrecogedoras porque, un año más, en el mundo sigue habiendo demasiada violencia, demasiado miedo, demasiada pobreza, demasiado dolor, físico y emocional, demasiada tristeza… Pese a ello, vale mucho la pena visitar la exposición, que puede verse en el CCCB hasta el 11 de diciembre. En la medida de lo posible, intentad evitar las horas más concurridas para poder emocionaros y reflexionar con tranquilidad, y en cualquier caso, echad un vistazo a la web, donde hay mucho más.

Warren Richardson, World Press Photo, refugiados, refugees, Siria
Richardson, autor de la foto, tuvo que usar una ISO muy alta para no llamar la atención de la policía.

La fotografía ganadora Hope for a New Life, del australiano Warren Richardson, nos demuestra que las mejores imágenes no son siempre las más nítidas o las más mejor encuadradas. De hecho, el propio jurado destaca su sencillez. “Desde el principio nos fijamos en esta foto y sabíamos que era muy importante. Tenía tal poder por su simplicidad, especialmente por el simbolismo de la alambrada. Nos pareció que tenía casi todo para dar un fuerte impacto visual de lo que está pasando con los refugiados”, señaló en su momento Francis Kohn, presidente del jurado y director del departamento de Fotografía de France Press.

Richardson acampó varios días en la frontera serbiohúngara con refugiados sirios y los acompañaba de noche en sus intentos por cruzarla sin ser vistos. “Estaba reventado en el momento que capturé la foto, eran alrededor de las tres de la mañana y no podía usar el flash mientras la policía estaba buscándoles, porque estaría entregándoles. Así que tuve que usar la luz de la luna”, explicó el fotógrafo. Puedes ver la tensión y el miedo pero también imaginar el ruido de las pisadas, de la ropa rasgada, y los susurros de ese hombre entregando a su hijo a través de la alambrada para huir de cosas como las que muestra Abd Doumany.

Sin embargo, esta no fue la imagen que más me conmovió. Hay varias que lo hicieron, pero recuerdo especialmente una de la estadounidense Adriane Ohanesian por la atroz historia que contaba. En la primera aparece Adam Abdel, un niño de siete años con graves quemaduras fruto de la explosión de una bomba lanzada por un avión gubernamental cerca de su casa, en Darfur Central (Sudán), y que a duras penas podía recibir tratamiento porque el gobierno negaba el acceso a las ONG y a la ayuda humanitaria a ese territorio, ocupado por los rebeldes. Y poco sabemos de lo que pasa en Sudán, ¿verdad?

Adriane Ohanesian, World Press Photo, fotografia, Sudan
No os perdáis la entrevista a Adriane Ohanesian, autora de la foto.

También me perturbó el reportaje Where the Children Sleep, en la que aparecen niños refugiados que duermen en cualquier parte, desde el bosque junto a la frontera serbiohúngara hasta en la acera de una calle de Bagdad, de camino a lo que esperan sea su nuevo hogar. Algunos no pueden dormir de los asustados que están, otros han aprendido a vivir con miedo y otros caen rendidos por el esfuerzo del camino. “Es una cosa tan simple, la necesidad de sentirte seguro cuando te vas a la cama. Mi hijo se siente seguro, pero muchos niños no”, se lamenta el autor, el sueco Magnus Wennman.

Y claro, ves esto y no puedes evitar preguntarte qué habrá sido de estos niños, de sus familias… de aquellos que salen en las fotografías de la muestra: los padres que sostienen los cuerpos de sus hijos, los jóvenes que son rescatados en alta mar y miran hacia el horizonte con serenidad, los vecinos de las ciudades bombardeadas que no pueden detenerse a conmemorar las desgracias en las fechas señaladas porque son demasiadas… Y aquí poniendo placas en recuerdo de las víctimas de la sala Bataclan, que no me parece mal, pero ya me entendéis.

No todo es guerra aunque muchas de las historias son tristes, como la de la caza furtiva de elefantes y rinocerontes por muy coloridas que sean las imágenes, o la de los orangutanes de Borneo y Sumatra, que por muy monos que sean de pequeños están seriamente amenazados y su desaparición sería una pérdida irreparable. Pero también las hay curiosas como las del reportaje sobre Corea del Norte del estadounidense David Guttenfelder o las que hizo el canadiense Kevin Frayer en Larung Gar, con sus 40.000 monjes budistas.

Dejadme acabar con una mención especial al reportaje sobre la cruel historia de las veteranas de guerra y el proyecto A life in death de Nancy Borowick, quien retrató a sus padres, ambos enfermos de cáncer, durante sus últimos meses de vida tras 34 años casados. Eligieron pasar sus últimos meses creando nuevos recuerdos en lugar de preocuparse por sus problemas, y vivir intensamente y juntos el tiempo que les quedaba. Seguro que no fue fácil mantenerse alegre y conservar el sentido del humor, pero lo lograron y es una gran forma de afrontar la muerte y, sobre todo, la vida.

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