Más allá de la superluna

La superluna del lunes ha llenado telediarios, periódicos y nuestros muros de Facebook, Instagram y Twitter, y no voy a ser yo quién os explique por qué se produce este fenómeno que nos llevó a muchos a fotografiar nuestro satélite. Seguro que muchas de las fotos son desastrosas (puntitos luminosos), y tampoco voy a ser yo quién os enseñe a hacerlas porque todavía tengo que practicar bastante. En cualquier caso, estos días la luna ha sido la protagonista del curso de fotografía que estoy haciendo y me gustaría compartir con vosotros algunas de las fotos que hemos analizado.

Hace quince días empezó Seeing Through Photographs, un MOOC (Massive Online Open Courses) que organiza el MoMa (Museum of Modern Art), y la temática de la segunda semana se centra en las distintas formas de abordar una una temática tan familiar como es la Luna a través del tiempo (y dónde empieza el arte). Artistas, científicos y fotógrafos profesionales y amateurs la fotografían desde el siglo XIX intentando captar los detalles que no son visibles para el ojo desnudo.

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La Luna fotografiada por John Adams Whipple en 1853.

En esa época era muy difícil conseguir una buena fotografía de nuestro satélite porque no entraba suficiente luz a través del telescopio, así que muchos usaban dibujos y maquetas de Luna realizados a partir de la observación con telescopio, pero la evolución tecnológica nos ha permitido ver su lado oculto (donde se ocultaban los nazis en Iron Sky, una peli malísima pero todo un referente de la ciencia ficción).

John Adams Whipple fue un pionero de la fotografía astronómica y nocturna. Esta imagen, por ejemplo, data de 1853 y fue tomada gracias el telescopio de la Universidad de Hardvard, que en aquella época era el mayor del planeta. La fotografía, y la ciencia en general, ha evolucionado mucho desde entonces y ahora cualquiera puede fotografiar la Luna o cualquier otro objeto: además de gatos y comida, Instagram está lleno de paisajes y monumentos más o menos lejanos. No obstante, siguen siendo muy pocos quienes han podido viajar hasta ella.

El año pasado, la NASA hizo públicas miles de instantáneas tomadas dentro del proyecto Apollo, incluidas las que los astronautas del Apollo 11 tomaron de sí mismos en el cohete y en la superficie lunar en 1969, así como de la Tierra desde su satélite. Algunas ya las conocíamos, como la icónica pisada de Edwin Aldrin, pero otras nos ayudan a contextualizar, como las que nos muestran que no solo había una sino decenas de huellas. Documentan algo importante y supuso todo un reto pues nunca antes había fotografiado la Luna desde allí mismo.

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Eugène Atget fotografió a varias personas contemplando el eclipse solar de 1912 en la plaza de la Bastilla de París.

Dejadme mostraros dos imágenes más terrenales que también analiza la conservadora del MoMa Sarah Meister. La primera de ellas es de Eugène Atget en la que podemos ver un grupo de personas en la plaza de la Bastilla de París contemplando el eclipse solar del 17 de abril de 1912, así que aunque no podamos verla, en cierto modo la Luna sigue siendo la protagonista.

Para Meister no deja de ser curioso que Atget tomara esta instantánea porque rara vez aparece alguien en las más de 8.500 fotografías que realizó a lo largo de treinta años. Normal, pues usaba una gran cámara de fuelle en un trípode y una placa fotográfica como negativo, que requería una larga exposición. Hay otro elemento curioso, el eclipse tuvo lugar dos días después del naufragio del Titanic y puede que tanto Atget como las personas a las que retrató estuvieran allí movidos por la sensación de premonición, la incertidumbre, que suscitan fenómenos naturales como los icebergs o los eclipses.

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Ansel Adams logró captar la superficie solar en un vasto paisaje de Nuevo México en 1941.

Por último, una de Ansel Adams, en cuyas fotografías de lugares inhóspitos e inaccesibles como el Half Dome, una montaña del parque nacional de Yosemite, solía estar presente la Luna. En 1941, se encontró con esta escena en Nuevo México con un cementerio y edificio y, al fondo, montañas y nubes, y decidió esperar a que saliera la Luna, consiguiendo que la Luna no apareciera como un mero punto blanco (os habrá pasado si habéis fotografiado la Luna a lo loco) sino que se pudiera apreciar su relieve (lo consiguió con una buena exposición y un gran negativo).

Cuatro consejos para fotografiar la luna

Por si os han dado ganas de coger la cámara y salir a fotografiar la Luna, aquí tenéis cuatro consejos que debí recopilar antes de salir de casa el lunes pero que ya he puesto en práctica y como podéis ver, funcionan. El primero no es tan obvio como pensaba a juzgar por lo que vi el día de la superluna: deja el móvil en casa, solo conseguirás una manchita luminosa. Con una compacta, probablemente, también pero puedes experimentar con unos prismáticos.

La Luna, dos días después
No hice los deberes antes (mira cómo me salió la foto) pero ¡más vale tarde que nunca!

Antes de salir de casa es importante saber por dónde y cuándo sale y se esconde la Luna y buscar una ubicación adecuada que, por ejemplo, te permita enmarcarla entre árboles o edificios. Si la quieres fotografiar con el cielo estrellado, mejor en el campo, pues la contaminación lumínica no nos ayuda. Y ahora sí, coge la cámara con batería y espacio en la memoria suficientes, y no te olvides del trípode (apoyarse en una torre de alta tensión como hice yo no es lo mejor) ni del teleobjetivo (para darle protagonismo a la Luna, igual que hacemos al fotografiar la puesta y la salida del sol).

Ya en nuestro sitio, busca una distancia focal máxima (enfoca al infinito), una apertura media (entre f/8 y f/11 porque aunque dejes entrar menos luz, aumentarás la profundidad de campo y así, los detalles en la superficie lunar), un ISO mínimo (para reducir el ruido y conseguir un cielo bien negro) y una velocidad ni muy rápida ni muy lenta (entorno a 1/125″, para que no salga ni demasiado oscura ni aparezca una estela fruto del movimiento de la Luna, se mueve el equivalente a su diámetro en dos minutos).

También es necesario usar el disparo con retraso si no tienes mando a distancia, para no mover la cámara al disparar, y utilizar la medición puntual porque al ser un objeto tan brillante rodeado de un área negra, el fotómetro se confunde y solo conseguimos una masa blanca uniforme sin el relieve de los cráteres. Y ale, a jugar hasta que salga. Recuerda revisar bien las imágenes, ampliándolas al máximo en tu cámara, para no llevarte una decepción al llegar a casa. Y si hay algún fotógrafo por aquí que quiera aportar algún consejo más, ¡adelante!

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