Albóndigas a la jardinera con patatas fritas

Hace unos días me entraron unas ganas enormes de comer albóndigas a la jardinera con patatas fritas como las que me hacía mi madre. Siempre las preparaba por la tarde y cuando las empezaba a freír, ni mi hermano ni yo podíamos evitar pasarnos por la cocina a darle un beso y, de paso, comernos una, o dos, operación que se repetía hasta que las sumergía en la salsa.

Seguramente, lo más fácil hubiera sido pedirlas en un restaurante, comprarlas ya listas o, al menos, comprar las albóndigas y limitarme a hacer la salsa, pero soy un poco asquerosilla y me lío con facilidad, así que compré lo que me faltaba y me puse manos a la obra. Comimos a las tantas, pero la espera valió la pena. Las cantidades son a ojo porque la receta la hago a partir de los recuerdos que tengo y ya sabéis que las madres siempre dicen una “pizca” y otras expresiones por el estilo.

Albóndigas a la jardinera, patatas fritas, meatballs, patatas crujientesPara empezar, salpimentamos la carne (2/3 de ternera y 1/3 de cerdo o mitad y mitad para que la grasa del cerdo evite que se resequen), añadimos una cucharada de perejil picado, un ajo picado finamente, un huevo (algunos no se lo ponen) y un poco de miga de pan remojada en leche porque, como explican en El comidistael lácteo ablanda la carne y la miga le da textura. Trabajamos con las manos hasta conseguir una masa homogénea y si fuera necesario, agregamos un poco de pan rallado para compactarlas.

Seguidamente, hacemos bolitas con las manos que siempre acaban siendo más grandes de lo que debería, las pasamos por harina, sacudimos el exceso y las freímos. Deben quedar doradas por fuera y cocidas por dentro pero no en exceso porque se acabaran de hacer en la salsa. Nosotros siempre las hemos hecho así pero la fritura no es imprescindible y se pueden cocer directamente en la salsa pero se pierde algo de sabor. Una alternativa es hornearlas a temperatura suave media hora.

Y ahora, a por la salsa. Picamos una cebolla grande y un par de ajos y los sofreímos. Añadimos un par o tres de zanahorias a rodajas. Cuando la cebolla ya tenga color, añadimos un poco de tomate frito (antes le podemos añadir un chorrín de vino blanco) y lo mezclamos bien. Incorporamos las albóndigas y un buen puñado de guisantes, cubrimos el conjunto con agua (se le puede añadir una pastilla de caldo) y lo dejamos hervir un rato hasta que las albóndigas se acaben de cocer y la salsa espese un poco. Ya tengo ganas otra vez de volver a hacer aunque quizá la próxima vez las haga de pollo al curry o con sepia o con menta y sésamo o de lentejas o de merluza en salsa verde…

El secreto para unas patatas fritas crujientes y cremosas

Las albóndigas se pueden comer solas, aunque el pan resulta imprescindible para rebañar la salsa, pero también se pueden combinar con un poco de pasta o de arroz, con una ensalada… o unas patatas fritas. Para que queden crujientes por fuera y cremosas por dentro es importante lavarlas bien con agua -se pueden dejar un rato sumergidas en ella- para quitarle todo el almidón posible.

Unas vez las hayamos secado con papel de cocina o un trapo limpio, hay que sumergirlas en aceite de oliva frío con un par de ajos enteros y dejar que se confiten a fuego más bien bajo unos 10 ó 15 minutos. Cuando estén tiernas, subimos el fuego al máximo para que se doren y listo, solo hace falta retirarlas de la sartén, eliminar el aceite sobrante con papel de cocina, salarlas bien… y soplar antes de llevarnos a la boca la patata que acabamos de coger para probarlas porque quema ;).

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