Londres desde las alturas

Este verano nos hemos escapado unos días a Londres, ciudad que hacía muchísimos años que ni Kike ni yo visitábamos y nos hacía mucha ilusión ir juntos. No hemos dejado de acercarnos a Westminster y al parlamento, ni al puente de la torre de Londres, ni a museos como el British, pero ya nos conocéis, necesitábamos un toque friki, así que también hemos visitado enclaves cinéfilos y literarios. Fueron días muy intensos, así que en esta primera entrega, como no podía ser de otra manera, visitaremos Londres desde las alturas.

Ya os aviso ahora que no subimos al London Eye. Con las Casas del Parlamento a tus pies y una visibilidad de 40 kilómetros a la redonda en días claros, las vistas desde allí deben ser espectaculares pero los 38 euros  más el rato que debíamos destinar (y las aglomeraciones) nos parecieron excesivos. Lo mismo nos ocurrió con los 35 euros que cuesta subir al mirado del Shard London Bridge, que con 310 metros es el rascacielos más alto de Europa (si no tenemos en cuenta cuatro que hay en Moscú).

Justo en la otra orilla del Támesis se encuentra el Sky Garden, otro rascacielos raruno (le llaman walkie-talkie) desde donde se obtienen unas fantásticas vistas de la ciudad. Subir al jardín del último piso es gratis pero hay que reservar con unas tres semanas de antelación y como Kike y yo decidimos ir a Londres en el último momento, no pudimos pero seguramente merece la pena acercarse y, por qué no, tomarse una copa mientras se pone el sol.

Vistas entre árboles

Hablando de puestas de sol, un buen lugar para verla es el parque de Greenwich. Se llega fácilmente con los DLR (Docklands Light Railway), que parten desde Bank y Tower Hill (en este último caso deberéis cambiar de tren) y cruzan Canary Wharf, en los Docklands, y el Támesis. Pero antes de cruzar el río, dejadme explicaros que Canary Wharf debe su nombre (muelle canario) al comercio marítimo que mantenía el Reino Unido con Canarias en el siglo XVI y que, aunque ahora esté lleno de rascacielos con pisos y oficinas, los Docklands (dock significa dársena) acogieron uno de los puertos más importantes del mundo.

Pero a lo que íbamos, tras aprovisionarnos con una botellita de vino blanco fresquito y un poco de humus, cruzamos el bonito pueblo de Greenwich (ahora un barrio de Londres) en dirección al parque y subimos la colina donde se encuentra el famoso Observatorio (si queréis haceros la foto sobre el meridiano 0, deberéis pagar la entrada porque está dentro, claro que a esa hora seguramente ya habrá cerrado). Desde allí, las vistas son magníficas: se ve el London Eye, la Shard, la cúpula de Saint Paul, el Gherkin (pepino, como se conoce el edificio de Norman Foster en la City), el Sky Garden y todos los rascacielos de Canary Wharf tras el simétrico Hospital Naval, patrimonio de la humanidad.

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Londres al atardecer, con sus rascacielos, decenas de grúas y Saint Paul tras el Támesis.

Antes de volver al centro, una nota curiosa. En la orilla del Támesis, se encuentra el Cutty Sark, un gran velero usado durante décadas para el comercio de té y lana y que ahora es un museo, y a un lado hay la entrada sur del Greenwich Foot Tunnel, un paso subterráneo poco conocido aunque fue inaugurado en 1902 que os permitirá cruzar el Támesis a pie, ¡si es que tenéis fuerzas!

Antes de cerrar el apartado de parques, solo deciros que si ya habéis visitado la ciudad o estáis varios días, también podéis ir a Parliament Hill, Hampstead Heath o Primrose Hill, tres colinas algo más alejadas del centro desde las que se obtiene un vista distinta de la ciudad. Relativamente cerca de la primera se encuentra el fantasmagórico cementerio de Highgate, que creado a principios del XIX debido a la superpoblación de la ciudad y que estuvo a punto de ser derruido, aunque una asociación logró salvarlo y preservar tumbas como la de Karl Marx.

Museos con vistas

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La catedral de Saint Paul desde la azotea del centro comercial con el London Eye al fondo.

Otra de las paradas obligadas para ver Londres desde el aire y de forma gratuita es la Tate Modern, la antigua central eléctrica reconvertida en museo de arte moderno desde cuyas cafeterías en la segunda y cuarta plantas se obtiene una buena vista sobre el Puente del Milenio -uno de los 33 que cruzan el Támesis en la capital británica- y Saint Paul. No entramos porque estábamos muy cansados y ya habíamos visto la catedral de cerca, desde la azotea del centro comercial que hay justo detrás del templo, el One New Change, un lugar tranquilo siempre que no proyecten los partidos de Wimbeldon o algo por el estilo. Sin embargo, lo hubiéramos hecho de haber sabido que en la torre del museo hay un restaurante que ofrece una panorámica de 360º.

Y de un museo a otro. Antes de entrar en el National Gallery podéis coger fuerzas con un café en la terraza del Hotel Trafalgar, desde el que se divisa la plaza, la milla cero de Gran Bretaña, y parte de la ciudad. Claro que también podéis recargar pilas en un bar con rooftop del colorido Candem. En cualquier caso, espero que os sirvan estas sugerencias para cuando vayáis a Londres (habrá más) y, sobre todo, que hayáis pasado un magnífico verano y os sea leve la vuelta a la rutina.

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