Instantes que pudieron cambiar el mundo

El miércoles se cumplieron 80 años del golpe de estado que derivó en la Guerra Civil española y en 40 largos años de dictadura. Durante ese tiempo, hubo 17 intentos de matar a Franco, el primero de ellos, cuatro días antes del alzamiento. Qué distintas serían las cosas. Tampoco tuvieron éxito ninguno de los 42 intentos de asesinar a Hitler.

Precisamente, os quiero hablar de uno de ellos: el perpetrado por Georg Elser, un carpintero y relojero del sur de Alemania, un hombre tranquilo y reservado pero sociable al que gustaba reunirse con sus amigos, tocar música y pasear. Uno de los aspectos más sorprendentes, y que seguramente han favorecido que su historia haya sido llevada a la gran pantalla, es que no le interesaba la política. En realidad, solo había votado al partido comunista porque creía que era la formación que más intentaba mejorar la vida de los obreros, cuyas condiciones empeoraron con la llegada de los nazis al poder.

Elser, que en 1936 empezó a trabajar en una fábrica de tuberías que colaboró en el rearme oculto ordenado por Hitler, se negó a quedarse de brazos cruzados al ver lo que los nazis estaban haciendo con los judíos y que la situación desembocaría en una guerra para la que Hitler se estaba preparando contraviniendo los acuerdos internacionales suscritos tras la I Guerra Mundial.

Georg Elser, Christian Friedel, 13 minutos para matar a Hitler,
Georg Elser (Christian Friedel), Heinrich Müller (Johann von Bülow) y Artur Nebe (Burghart Klaußner) en ’13 minutos para matar a Hitler’.

Así que llegó a la conclusión de que la única forma de evitar la guerra y mejorar las condiciones de los trabajadores era matando a Hitler y la cúpula del partido nazi. Por eso, robó explosivos de la fábrica y su experiencia como relojero le permitió preparar y colocar una bomba en la cervecería Bürgerbräukeller de Múnich que estallaría el 8 de noviembre de 1939, cuando se conmemoraba el golpe de estado fallido de 1923 en el que participó Hitler.

Fue un trabajo minucioso que le llevó casi un año. Sin embargo, dado su poco interés por la prensa, Elser no supo que Hitler pensaba hacer un discurso más corto de lo habitual, entre otros, por la inminencia de la guerra. La bomba estalló 13 minutos después de que Hitler abandonara la cervecería, por 13 minutos la historia hubiera sido otra y se hubieran salvado millones de vidas.

Como os decía antes, la increíble historia de Elser ha sido llevada al cine. Oliver Hirschbiegel, el director de El hundimiento, es el responsable de esta cinta, bien interpretada, bien filmada y aún mejor montada que resulta mucho más lograda que Valkiria con su toque hollywoodiense. Además, ahonda en los años que precedieron al atentado, en el cambio en la sociedad alemana, su pasividad.

 

No os voy a revelar nada que no os podáis imaginar, pero si pensáis ver la película, quizá es mejor que dejéis de leer aquí. 

Qué pasó con Elser

Elser fue detenido cuando intentaba cruzar la frontera de forma clandestina pero la policía no empezó a sospechar de él hasta que descubrió que llevaba una postal de la cervecería con la columna que estalló marcada con una cruz roja. Además, varios testigos le situaron en la cervecería y tras dos días de torturas acabó confesando, aunque el maltrato siguió hasta que las SS se convencieron de que no era un simple peón dentro de un complot.

Georg permaneció en Berlín hasta 1941, cuando fue trasladado al campo de concentración de Sachsenhausen y tres años más tarde fue transferido al de Dachau. El 5 de abril de 1945, ante la inminente caída del régimen, Hitler ordenó ejecutar a los prisioneros especiales de Dachau, entre los que se encontraba Elser y el almirante Wilhelm Canaris, uno de los cabecillas de la operación Valkiria, quienes murieron cuatro días después.

En este último intento por acabar con Hitler también participó Arthur Nebe, quien, como jefe de la Kripo (la policía criminal encargada de perseguir los delitos comunes), había interrogado a Elser. En la película aparece como el poli bueno y es cierto, que si los oficiales del ejército alemán hubieran logrado su propósito, se hubieran salvado diez millones de personas, que son las que murieron hasta la capitulación de Berlín el 8 de mayo de 1945, pero como comandante de un Einsatzgruppen  (escuadrón de ejecuciones itinerante), fue el responsable del exterminio de 45.467 judíos detenidos en Bielorrusia.

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