Mis galletas crinkles de chocolate

He vuelto, al menos, por ahora. Hace meses que no escribo y no es porque haya estado de vacaciones, que también, sino porque… No sé ni por dónde empezar, pero dejémoslo en nueve viajes a Madrid en mes y medio y un ERE que aproveché para cambiar de aires y salir a buscar nuevos retos con los que seguir aprendiendo (sí, he dejado el periódico). ¿Valiente? ¿Inconsciente? ¿Ambas? Puede, pero no me arrepiento de la decisión. Y para celebrar la nueva etapa y a modo de disculpa por estos meses de silencio, os traigo unas deliciosas galletas, mi versión de crinkles.

Las crinkles (arrugas, en inglés) se llaman así por las grietas que se forman al hornearse. No son difíciles de hacer pero sí requieren su tiempo, tanto por el enfriado como por el interminable rato de hacer bolitas si las hacéis demasiado pequeñas, aunque vale la pena porque están deliciosas. Por fuera están crujientes y por dentro suaves y esponjosas y tienen un intenso sabor a chocolate.

Para empezar, hay que derretir al baño maría 250 gramos de chocolate negro con 60 de mantequilla (o margarina). Mientras se enfría un poco, batimos dos huevos grandes con una cucharadita de esencia de vainilla (si tenéis, yo no tengo y tan feliz) con 100 gramos de azúcar. Seguidamente, hay que mezclarlo con el chocolate derretido.

La segunda hornada de crinkles estaba crujiente y deliciosa.
La segunda hornada de crinkles estaba crujiente y deliciosa.

En otro bol, ponemos 200 gramos de harina de repostería, una cucharadita de levadura química y una pizca de sal, y después lo incorporamos a la mezcla de huevos y chocolate. Hay que remover bien para que se integren todos los ingredientes. Cuando esté listo, tapadlo con papel film y dejadlo en la nevera un mínimo de tres horas o toda la noche.

Pasado ese tiempo y mientras calentáis el horno a 180º, haced bolitas del mismo tamaño con una cuchara, rebozadlas en azúcar glas y colocadlas sobre papel sulfurizado en una bandeja de horno. Cocedlas doce minutos, salvo que sean muy pequeñas, pues necesitarán menos tiempo. Dejadlas enfriar sobre una rejilla.

Al principio del post os decía que esta era mi versión de crinkles pero no solo porque no haya usado vainilla sino por otras dos diferencias. La primera es que en la segunda de las tres hornadas que he hecho hasta el momento, no dejé que el chocolate se enfriara lo suficiente, por lo que a medida que hacía bolitas, me iba pringando las manos más y más, y se aplanaron en el horno, por lo que no conservaron su forma de bola y no se veían tanto las grietas.

Sin embargo, eso y el hecho de no haber utilizado azúcar glas (no tenía y trituré ligeramente azúcar blanco que quedó tostadito y crujiente) hicieron que, en mi humilde opinión, mis crinkles quedaran visualmente más bonitas. Así que a partir de ahora, dejaré que las galletas tomen temperatura antes de introducirlas en el horno. En cualquier caso y modestia aparte, a todo el mundo le encantaron, tanto las galletas gigantes y sin rebozar en azúcar de la primera hornada, como las pequeñas y agrietadas bolitas de la tercera.

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2 comentarios en “Mis galletas crinkles de chocolate

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