La maqueta inacabada de la Sagrada Familia

Celebremos que es viernes y día del trabajo con una escapadita cerca de Barcelona para los que no os vayáis de puente. Hoy nos vamos a la Colònia Güell, en Santa Coloma de Cervelló, para descubrir una singular colonia industrial con una perla modernista, y para valorar los derechos laborales que consiguieron nuestros padres, abuelos y tatarabuelos, aunque ahora estemos perdiéndolos. Ah, si vais en sábado, podréis comprar frutas y verduras directamente a los payeses del Baix Llobregat.

Las colonias industriales surgieron en el Reino Unido a mediados del siglo XVIII, un fenómeno que se extendió por buena parte de Europa. En Catalunya proliferaron a partir de 1855, cuando se aprobó la primera de una serie de leyes que, mediante exenciones fiscales, favorecían la creación de colonias agrícolas o industriales con un doble objetivo: desarrollar el sector agrario y colonizar el territorio. Ello favoreció la creación de las colonias mineras, como la de Cardona, de fabricación de cemento, metalúrgicas y agrícolas, pero las más numerosas fueron las textiles: hubo 73, principalmente, en las cuencas de los ríos Llobregat (33) y Ter (20).

La vieja fábrica textil de la Colònia Güell, que ahora funciona como centro de negocios.

Los dueños no solo pagaban menos impuestos, sino que además se aseguraban la mano de obra y reducían la conflictividad social: los trabajadores se sometían a un mayor control a cambio de un salario periódico en unos tiempos de precariedad económica. Eusebi Güell trasladó su fábrica de Sants a su finca Can Soler de la Torre, pero consideró que no era suficiente aislar a los trabajadores para acabar con la amenaza de la violencia obrera. A su juicio, debían obtener beneficios del sistema para no querer ir contra él. Por eso, dotó la colonia de equipamientos culturales y religiosos, y construyó casas unifamiliares algo alejadas de la fábrica para mejorar la calidad de vida de los obreros, a diferencia del resto de colonias, que surgían sin planificación alguna alrededor de una fábrica.

Algunas de las casas de los trabajadores de la colonia.
Algunas de las casas de los trabajadores.

Tardaron algo más, pero el sindicalismo y las reivindicaciones obreras acabaron llegando a la colonia y al estallar la Guerra Civil, fue colectivizada. Cuando terminó el conflicto, fue restituida a los Güell, que en 1945 vendieron la fábrica, que ocupaba casi seis hectráreas y contaba con distintos edificios en los que se llevaban a cabo los distintos procesos necesarios para transformar el algodón en pana y terciopelos. Siguió funcionando hasta 1973, cuando cerró a causa de la crisis generalizada del sector. El propietario la vendió en porciones hasta que, a finales de siglo, una empresa dedicada a la rehabilitación de patrimonio industrial empezó a comprarlas y ahora, funciona como un centro de negocios.

Pero la Colonia Güell es conocida también por ser un ejemplo del modernismo, en el que predomina la obra vista como reivindicación de una arquitectura popular y tradicional catalana. Buen ejemplo de ello es el edificio de la cooperativa de consumo, que ahora alberga la oficina de turismo, fijaos en las cornisas y los balcones. También destacan Ca l’Ordal, un edificio construido al estilo de las viejas masías en el que vivían los agricultores que trabajaban los campos, y la Casa del Secretario, hecha de ladrillo rebozado imintando la piedra de sillería y con una tribuna decorada con la senyera, la cruz de Sant Jordi y un murciélago, símbolo habitual de la Corona de Aragón.

Los arquitectos incorporaron nuevas técnicas y materiales como el hierro o el trencadís de cerámica, pero hubo uno que destacó por encima del resto: Antoni Gaudí. Como no podía ser de otro modo, Güell encargó a su amigo el diseño de la iglesia en 1898 y lo hizo sin imponerle ningún tipo de límite, ni de estilo ni de tiempo de entrega ni de presupuesto. Sin embargo, el proyecto quedó inacabado porque los hijos del empresario le cortaron el grifo en 1914, cuando sólo se había construido la nave inferior, de ahí que la apodaran la cripta. Entre 1915 y 1917, un nuevo constructor cerró la nave. Aun así, fue declarada patrimonio de la humanidad desde 2005.

Gaudí dedicó diez años a los estudios previos sobre lo que, de haber sido finalizada, hubiera sido una maqueta monumental de la Sagrada Familia: proyectó dos naves, una superior y otra inferior, rematadas con torres laterales y un ciborrio central de 40 metros de altura. Además, aplicó buena parte de las innovaciones arquitectónicas de Gaudí como el uso de arcos catenarios para simplificar el problema de las cargas. También empleó materiales reciclados, como ladrillos recocidos o escoria de la fundición, y otros novedosos, como el cemento Portland, e hizo gala de su dominio de las artes aplicadas en el diseño del mobiliario y la ornemantación.

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2 comentarios en “La maqueta inacabada de la Sagrada Familia

  1. Marta, me ha entantado el artítulo!! Nosotros crecimos allí y ahora me han entrado unas ganas enormes de visitar la colonia otra vez… 🙂

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