Bizcocho de mármol

Como quizá habréis notado, en casa, somos más de dulce para desayunar pero no os vayáis a pensar que tomamos gofres cada dos por tres. Solemos desayunar tostadas con miel o mermelada y, de vez en cuando, algún que otro bizcocho o galletas. El problema es que suelo hacer siempre el mismo bizcocho y a una le apetece cambiar de vez en cuando. Así que hace unos días busqué recetas y elegí esta, más por nostalgia que por salud. Y es que el pastel marmolado siempre me recuerda a mi abuela alemana con sus cigarrillos y sus inseparables caramelos Ricola.

Recién salido del horno. ¿Alguien sabe por qué se rompe?
Recién salido del horno. ¿Alguien sabe por qué se rompe?

No me pude resistir pese a los 250 gramos de margarina que lleva mientras que el bizcocho que suelo hacer no lleva grasa. En fin, hay que mezclar la margarina con el azúcar hasta obtener una masa espumosa. Si no estáis muy cachas, como es mi caso, os aconsejo que utilizéis la batidora eléctrica. Seguidamente, hay que incorporar cuatro huevos de uno en uno y removiendo bien para que se integren bien.

Mientras calentáis el horno a 180 gramos, hay que tamizar 350 gramos de harina (la receta que usé recomienda 100 gramos de harina floja y 250 de harina de maíz) con dos cucharaditas de levadura. Con cuidado para evitar un bonito efecto nevado por toda la encimera, hay que incorporarlas gradualmente a la masa de los huevos mientras también se incorporan 125 mililitros de leche.

Ahora solo falta verter la mitad de la masa en un molde rectangular forrado con papel de horno para que sea más fácil desmoldar el bizcocho. El resto de la masa se mezcla con una cucharada generosa de cacao y se añade al molde mezclándola ligeramente con un tenedor para que ambas mezclas se unan formando un dibujo. Ahora sólo falta hornear el conjunto a 180°C durante unos 60 minutos. Por cierto, si alguien sabe qué hacer para que no se rompa por arriba, le estaré muy agradecida.

El súmum es recubrir el bizcocho marmolado de chocolate negro, pero no es cuestión de pasarse. O, ¿ya no viene de aquí? En fin, que aquí tenéis un energético, por no decir calórico, pero riquísimo desayuno o una sabrosa excusa para invitar a los amigos a merendar.

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