Amor, traición y una gran actriz

No sé si os lo he comentado alguna vez, pero uno de mis propósitos de año nuevo era hacer más actividades culturales. Así que hace unas semanas, después de meses quejándonos de los años que hacía que no íbamos al teatro (Sister Act, al margen), compramos un par de entradas para ver ni más ni menos que El rei Lear, de William Shakespeare. Palabras mayores para una profana teatral como yo. Sabíamos que era un montaje singular, pues una mujer, Núria Espert, encarnaba al rey Lear, pero nos quedamos pasmados al ver un bombero junto a la platea. La cosa prometía y no defraudó.

Lear, cuando anuncia su decisión.
Lear, cuando anuncia su decisión. Fotos: Ros Ribas

Dos apuntes iniciales para los que no hayan estado en el Lliure de Montjuïc, que se encuentra en el Palacio de Agricultura de la Exposición Universal de 1929, y los desmemoriados en cuanto a literatura inglesa, en general, y Shakespeare, en particular. La sala principal del teatro se adapta a las necesidades del espectáculo y en esta ocasión las butacas estaban dispuestas a ambos lados de un estrecho escenario. Y, ¿cómo iban a trasladar al público a la Inglaterra de hace cientos de años? Pues con tarimas que se levantan para crear mesas, torreones de castillos y caminos interminables bajo las inclemencias meteorológicas. Dos pantallas, antorchas, luchas con espadas, un puñado de sillas y algo de humo complementan este escenario desnudo y oscuro por el que transcurren unos personajes de aire moderno y militar.

La cínica y arpía Regan y el pobre Gloster en una de las escenas más sobrecogedoras.

Y el segundo apunte. El rey Lear es una de las principales tragedias de Shakespeare que se basa sobre un legendario soberano de Bretaña, que habría vivido hacia el siglo VIII aC.. La adaptación de Lluís Pasqual difiere un poco del texto original, imagino que por la necesidad de acortar la obra, que aun así dura dos horas. En cualquier caso, arranca cuando el viejo Lear decide dividir su reino entre sus tres hijas aunque mantiene su autoridad real. Antes de entregarles las tierras, les pide que le declaren su afecto, a lo que las cínicas Gonerila (Mercè Iscla) y Regan (Laura Conejero) responden de forma aduladora, lo que enerva a la joven Cordelia (Andrea Ros) y opta por limitarse a decir que su afecto es el que toda hija siente por su padre. Lear, airado, la deshereda aunque la falta de dote no es obstáculo para que el rey de Francia (Aleix Albareda) la despose.

Edgar, haciéndose pasar por el loco Tom, y el bufón.
Edgar, haciéndose pasar por el loco Tom, y el bufón.

Es el primer gran error de esta historia pues Gonerila y Regan y sus esposos, los duques de Albany (Jordi Collet) y de Cornualles (Òscar Rabadan), lo deponen y Lear inicia un largo periplo (más corto en esta versión que en el texto original) hasta dar con Cordelia, quien lo recibe con los brazos abiertos. Solo su fiel amigo el conde de Kent (Ramon Madaula) intentará enmendar su error de juicio y devolverle lo que es suyo. El segundo error lo comete el conde de Gloster (Jordi Bosch) al juzgar equivocadamente a su hijo Edgar (un entregadísimo Julio Manrique) y al bastardo ambicioso Edmund (David Selvas), que diseña un plan para hacerse con todo el poder y tierras de su padre.

El bufón, en una de sus actuaciones ante los soldados de Lear.
El bufón, en una de sus actuaciones ante los soldados de Lear.

Como podéis ver es una dolorosa historia de amor y traición, pero tiene sus momentos de humor, en su mayoría protagonizados por el deslenguado Lear y su inseparable bufón (Teresa Lozano), el único que se atreve a decirle la verdad y le recrimina la estupidez de sus actos. Sin embargo, este personaje desaparece de forma repentina. Espert cree que Shakespeare lo eliminó porque se estaba comiendo la obra. Eso sí, se va por la puerta grande, entre aplausos, y qué menos tras su misteriosa canción de despedida transformada en esta ocasión en un rap. Rey y bufón son una pareja entrañable tras una vida juntos, y las actrices que los encarnan también han pasado toda una vida en los escenarios. Pasqual eligió a Espert, que en junio cumplirá 80 años, no sólo por su talento interpretativo, sino también para mostrar la decrepitud y la fragilidad de un hombre en su senectud en contraposición con otros Leares, como el encarnado por el gigantesco Orson Welles.

El rey Lear y su bufón, huyendo
El rey Lear y su bufón, huyendo

Espert y Lozano lo dan todo en el escenario pero no son las únicas. Los 25 intérpretes, entre reyes, duques, caballeros, mensajeros y los escandalosos soldados armados, se dejan la piel escena tras escena. Dejadme destacar también el trabajo de Bosch, que protagoniza una de las escenas más espeluznantes y sangrientas (de hecho, el rojo sangre y los vestidos del bufón son lo único que aportan algo de color al neutro escenario); el de Madaula, un gran apoyo para Espert durante su travesía; el de Selvas, que me sorprendió gratamente pese a que su trabajo en televisión no suele convencerme; y el de Iscla, que encarna un personaje tan maléfico como el de Conejero, aunque a ella ya le conocía su faceta de arpía. Pero bueno, todo el reparto es magnífico. Es una lástima que no podáis verlos si no habéis comprado ya las entradas porque hace semanas que están agotadas.

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