Mañanas de gofres caseros

No hay nada como despertarte por la mañana y oler el suculento desayuno que te ha preparado tu pareja, ¿verdad? A mí me encanta cuando mi chico se levanta antes que yo y le oigo trastear por la cocina preparándomelo. Las tostadas me saben mejor. Así que movida por ese placer y el gusto por la cocina, ayer me levanté antes que él para prepararle unos gofres caseros. Y vale, no eran unos gofres belgas de esos en los que oyes crujir el azúcar al hincarle el diente, pero… estaban riquísimos.

En fin, vamos allá. Mientras precalentamos el horno a 220ºC con calor arriba y abajo, hay que mezclar con unas barillas tres huevos batidos, cuatro cucharadas de azúcar y 410 mililitros de leche con 110 gramos de mantequilla derretida (intentad que no esté hirviendo cuando la incorporéis). Añadid 240 gramos de harina, dos cucharaditas de levadura y un cuarto de sal para potenciar el sabor. Removed hasta conseguir una masa homogénea.

Gofres caseros con mermelada y chocolate.
Gofres caseros con mermelada y chocolate.

Y ahora el truco: los moldes de silicona (si tenéis gofrera, en Webos fritos tienen una receta para vosotros). Yo tengo unos de Lekué para ocho gofres que regalaron hace tiempo y aunque todavía no lo había utilizado, creo que a partir de ahora voy a sacarle más provecho, pues también se puede hacer una versión salda sustituyendo el azúcar por dos cucharadas de parmesano rallado y también se le pueden añadir especies como orégano o eneldo. Además, eso de darle la vuelta a las crêpes, no se me da muy bien, la verdad.

Colocad los moldes en una bandeja de horno, verted la mezcla con cuidado hasta el borde (intentad que todos queden del mismo tamaño). Horneadlos en la parte media unos nueve minutos. Sacad la bandeja, retirad los moldes y dejadlos enfrirar un par de minutos mientras ponéis papel de horno en la bandeja, pues ahora toca dar la vuelta a los gofres y hornearlos por el otro lado cinco minutos más. Cuando estén dorados (yo los subí un par de minutos para que se tostaran un pelín), sacadlos del horno y dejarlos enfriar cinco minutos sobre una rejilla.

Y, voilà! Ya os los podéis comer para desayunar, de postre, como merienda con chocolate con unas fresas, con mermelada, con nata montada con frutos del bosque, con manzana, canela y   miel, con dulce de leche y una bola de helado… pero también con espinacas, jamón serrano y queso cremoso, con queso de cabra gratinado con cebolla caramelizada o pimientos asados, con  salsa holandesa, salmón ahumado y un huevo poché… Las posibilidades son infininitas tanto para gofres dulces como salados.

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