Croquetas de setas caseras

Las croquetas ese plato tan nuestro y tan rico de todos los sabores —de jamón, de pollo, de Idiazábal, de setas, de merluza… pero también de boniato con mozzarella, de morcilla y piñones, de carrilleras con roquefort, de calamares en su tinta o incluso dulces, de peras al vino y de manzana al horno con canela— también tienen su día internacional. Y es que como ya he comentado alguna vez, hay días internacionales para todos los gustos. El de las croquetas se celebra el 16 de enero (al menos en Internet) y cientos de blogs gastronómicos aprovecharon para publicar sus recetas. Y yo, para preparar una de ellas, aunque la publique un mes después.

Croquetas de setas y una ensalada para cenar.
Croquetas de setas caseras y una ensalada para cenar.

No tengo una gran experiencia croquetil. Sólo había hecho un par de veces de pollo y aunque estaban buenas porque usé el pollo del caldo, debo mejorarlas. Aunque es difícil ponerse a practicar hasta que salgan bien porque dan bastante trabajo y en mercados y supermercados podemos encontrar croquetas deliciosas. Eso sí, si queréis croquetas de gustos especiales, no os quedará más remedio. En cualquier caso, es un placer ver (y degustar) el resultado de nuestras horas en la cocina.

Para hacer unas 30 croquetas de setas, hay que empezar picando media cebolla en trocitos bien pequeños y hacemos lo mismo con 150 gramos de setas. Pueden ser frescas, congeladas (descongeladas, óbviamente) o deshidratadas como rebozuelos, aunque en este último caso, necesitaremos 15 gramos y rehidratarlas unos 20 minutos. Fundimos 100 gramos de mantequilla y rehogamos la cebolla y las setas. Cuando ya estén tiernas, salpimentamos, bajamos el fuego e incorporamos de golpe tres cucharadas de harina y removemos bien para repartir la harina de forma homogénea.

Respetad las cantidades de harina y mantequilla aunque parezca mucha para tener la cantidad necesaria de bechamel y que os espese bien (yo heché menos y se me deshacían un poco). Cuando la harina empiece a coger color, añadid un chorrito de leche (entera) y seguid removiendo hasta que la masa lo absorba. Repetid la operación hasta añadir unos 750 mililitros de leche. Sazonad con nuez moscada, apagad el fuego y dejad enfriar. Ahora, sólo faltará dividir la masa en porciones (redondas o alargadas), empanarlas en huevo y pan rallado, freírlas en aceite bien caliente y comerlas. Aunque también podéis congelarlas una vez rebozadas para otro día como hicimos nosotros.

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