La belleza y la fragilidad del planeta

Región oriental de la cordillera de Brooks. Alaska (Estados Unidos). 2009. © Sebastião Salgado
Región oriental de la cordillera de Brooks. Alaska (Estados Unidos). 2009. © Sebastião Salgado

Tras décadas fotografiando las miserias humanas por todo el mundo, a finales de los noventa, el fotógrafo Sebastião Salgado regresó a su lugar de nacimiento, una finca ganadera del valle del río Doce, en el estado brasileño de Minas Gerais. Las tierras antes fértiles y rodeadas de exuberante vegetación tropical habían sido víctimas de la deforestación y la erosión. Su esposa, Leila, le propuso replantar el bosque con las mismas especies que había cuando él era un niño y ahora es un espacio protegido.

Esa experiencia es la base de Génesis, la exposición que hasta el domingo 8 puede visitarse en el CaixaFòrum. Siento avisaros tan tarde, pero no os la podéis perder. Salgado quiso denunciar con Génesis la desaparición de espacios únicos del planeta aunque acabó realizando una oda visual a la majestuosidad de la Tierra, inmortalizando impresionantes paisajes de ecosistemas marítimos y terrestres que se han mantenido intactos hasta ahora, y retratando las comunidades que mantienen vivas sus tradiciones ancestrales.

Un elefante corre hacia Salgado pese a que suelen temer a los humanos a causa de los cazadores furtivos. Zambia. 2010. © Sebastião Salgado

“Mis proyectos anteriores (Trabajadores y Éxodos) fueron periplos a través de las tribulaciones de la humanidad. Este, sin embargo, es mi homenaje al esplendor de la naturaleza. Viajando a pie, en embarcaciones, avionetas o en globo, mientras fotografiaba volcanes, icebergs, desiertos y junglas pude contemplar un mundo que no ha cambiado en milenios. Además, viendo los animales en su hábitat natural, desde pingüinos, leones marinos y ballenas del Antártico y el Atlántico Sud hasta leones, ñus y elefantes de África, sentí que era un privilegio contemplar los ciclos de la vida en contínua repetición“, explicó Salgado, quien trabajó durante 15 años en la agencia Magnum.

Los nenets son una tribu nómada del Círculo Polar Ártico. Península de Yamal. Siberia. Rusia. 2011. © Sebastião Salgado
Los nenets son una tribu nómada del Círculo Polar Ártico. Península de Yamal. Siberia. Rusia. 2011. © Sebastião Salgado

Salgado emprendió 32 viajes por de los rincones más vírgenes del planeta entre 2004 y 2012. Empezó por las Galápagos y visitó la Antártida, Madagascar, Botswana, el parque de Virunga situado entre el Congo, Ruanda y Uganda, Alaska, el altiplano del Colorado en Estados Unidos, Siberia y la selva amazónica. Génesis recoge 245  impactantes imágenes en blanco y negro de densas selvas, regiones polares, desiertos infinitos, imponentes montañas, y la flora y fauna que en habitan en estos parajes, desde los pingüinos, los albatros, las ballenas y los leones marinos de la Antártida y Alaska, hasta las tortugas y las iguanas de las Galápagos o cactus que crecen en la lava y los imponentes baobabs africanos.

Iceberg entre la Isla Paulet y las Islas Shetland del Sur, en el Mar de Weddell. Península Antártica. 2005. © Sebastião Salgado
Iceberg entre la Isla Paulet y las Islas Shetland del Sur, en el Mar de Weddell. Península Antártica. 2005. © Sebastião Salgado

Sin olvidar las visitas a los Z’oe amazónicos con su palo de madera clavado en el labio inferior, a la tribu Yali que vive en casas de madera en la copa de altísimos árboles de Papúa Nueva Guinea, o a los nenets, nómadas del Círculo Polar Ártico, entre otras tribus que se han mantenido al margen del mundo moderno. El hijo de Salgado, el también fotógrafo Juliano Ribeiro Salgado, le acompañó en estos tres últimos viajes, así como al Gran Cañón del Colorado y al Pantanal amazónico, para grabar el trabajo de su padre.

“En esa atmósfera increíble pudimos hablar de asuntos que nunca habíamos afrontado. Al volver a Francia monté el material y se lo mostré. Cuando vio cómo su hijo le miraba, empezó a llorar“, explicó Juliano en una entrevista en El País durante el Festival de Cannes, donde el documental La sal de la tierra recibió el premio especial del jurado de la sección Un certain regard. También se alzó con el premio del público en el Festival de Cine de San Sebastián y ahora opta al Oscar al mejor documental, que aún se proyecta en el Verdi y que desde el viernes estará disponible en Filmin.

Y es que mientras Salgado padre viajaba por todo el mundo denunciando guerras y hambrunas con su cámara, ¿qué hacía su hijo? “De pequeño le echaba de menos. Es paradójico: le contaba a mi maestro dónde estaba y se quedaba impresionado. Era un padre chulo que hacía un trabajo chulo y, sin embargo, no estaba, y era doloroso. Pero sus fotos se hicieron famosas, Libération denunció la hambruna en Etiopía con sus imágenes, y comprendí que había un objetivo en lo que hacía”, agregó.

Salgado con su libro 'Génesis'.
Salgado con su libro ‘Génesis’.

Salgado pensó en abandonar la fotografía tras las terribles experiencias que vivió en Ruanda y los horrores que presenció. Lógico si se tiene en cuenta su forma de trabajar. “La mayoría de fotógrafos toman rápidamente unas cuantas fotos y se marchan. Sebastião no trabaja así. Pasa mucho tiempo en todos los escenarios que fotografía. Vive entre la gente. Se hace amigo de ellos. Comparte sus vidas tanto como sea posible. Y es compasivo. Hace su trabajo para esa gente. Para darles voz”, explica el cineasta Wim Wenders. Afortunadamente, no lo hizo y la naturaleza “le ha permitido no perder la fe en la humanidad”, agrega.

Una mujer y tres niños himbas junto a su rebaño. Namibia.
Una mujer y tres niños himbas junto a su rebaño. Namibia. © Sebastião Salgado

Juliano codirigió el documental con Wenders, ganador de una Palma de Oro por París, Texas y el premio a mejor director de Cannes por El cielo sobre Berlín, además de un admirador incondicional del fotógrafo brasileño desde hace más de 25 años. Poco le costó aceptar ayudar a Salgado cuando le preguntó si se le ocurría alguna manera para que las imágenes de Génesis pudieran verse también en la gran pantalla y no solamente en libros y revistas. Claro que no fue fácil.

El primero aportó las grabaciones de los viajes, aunque las de Estados Unidos y Brasil no fueron incluidas, y el segundo se encargó de grabar a Salgado comentando su obra, recordando sus viajes y sus experiencias. Las sesiones fueron duras para todos pues “algunos de esos viajes e historias era tremendamente conmovedoras y otros, terribles“, viajes al corazón de las tinieblas, recuerda Wenders. En total, consiguieron la friolera de 1.200 horas de metraje que, tras meses de tiras y aflojas, lograron resumir en 100 minutos. ¿Su conclusión? “El mundo es un lugar cínico pero sigue habiendo espacio para la esperanza”, sentencia  Juliano.

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