Lo peor no es el burka

El lunes se celebró el Día internacional de la eliminación de la violencia contra la mujer. Es una lacra que afecta a todas las clases sociales, independientemente de la edad, la formación y el país de origen de las víctimas y sus agresores. Uno de los países donde la violencia de género es muy habitual es Afganistán, donde las leyes a favor de la igualdad aprobadas tras la caída de los talibanes, son papel mojado.

Una joven contempla algunos retratos.
Una joven contempla algunos retratos. ACN

Lo demuestran el fotógrafo Gervasio Sánchez y la periodista Mònica Bernabé en Mujeres. Afganistán, una exposición fruto de seis años de trabajo y que puede visitarse, de forma gratuita, en el Palau Robert hasta el 15 de febrero. Muestran la violencia endémica que sufren las mujeres afganas estén o no los talibanes. “El problema de Afganistán no son las mujeres con burka, aunque esta imagen escandalice a occidente”, dice.

Y lo dice con razón. El burka parece ser lo de menos. Los matrimonios forzados y sus consecuencias, como la drogodependencia o los intentos de suicidio, los malos tratos y la impunidad, los efectos de la guerra como la desnutrición infantil… Sánchez y Bernabé muestran esta terrible realidad con retratos directos, explicando la historia de sus protagonistas y ofreciendo datos escalofriantes, aunque no resultó fácil. “En Afganistán es muy difícil que una mujer se deje fotografiar, y menos por un hombre”, explica Bernabé.

A modo de ejemplo, os diré que, según Unicef, el 57% de las afganas son obligadas a casarse en contra de su voluntad, a menudo con hombres que no han visto nunca y que suelen, como mínimo, doblarle la edad. Las casan bien por dinero, bien para conseguir otra chica con la que casarse. Es el caso de Shamila que ahora tiene 23 años y cuatro hijos de un hombre 32 años mayor que ella. No solo no se casan por amor, sino que viven auténticos infiernos: el 87% de las mujeres ha sido maltratada o ha sufrido abusos a lo largo de su vida, según Human Rights Watch, y no sólo a manos de sus maridos sino también se sus suegras.

Dos visitantes observan el retrato de una joven afgana obligada a casarse por la fuerza.
Dos visitantes observan el retrato de una joven afgana obligada a casarse por la fuerza. ACN

Ante esta situación, así como por la falta de medicamentos, son muchas las que empiezan a fumar opio, incluso delante de sus hijos, que acaban enganchándose a esta droga. Otras optan por soluciones más drásticas. Afganistán es el único país del mundo donde hay más mujeres que se suicidan que hombres. Sólo en 2013 2.500 jóvenes se quitaron la vida y a éstas hay que sumarles las que lo intentaron, a menudo, prendiéndose fuego. Suelen ser chicas de entre 14 y 21 años que han sido obligadas a casarse o que son maltratadas. Espeluznante.

Y los datos sobre maternidad también son sobrecogedores. La tasa de mortalidad durante el embarazo y el parto es de 460 mujeres por cada 100.000 niños nacidos vivos. La de España, 4. Ello se debe a la falta de recursos pero también a que se quedan embarazadas cuando todavía muy jóvenes y muy a menudo, por lo que el cuerpo no ha tenido tiempo a recuperarse. Los niños tampoco lo tienen fácil: el 8% de los menores de cinco años sufre desnutrición severa y el 60% de los niños, desnutrición crónica. En los retratos, junto a sus madres, aparece un crío de cinco años que pesa 6,8 kilos y un bebé de seis meses que pesa 4,3.

Retratos de varias afganas con sus hijos desnutridos.
Retratos de varias afganas con sus hijos desnutridos. ACN

Sin embargo, hay afganas que se resisten a no hacer nada y han logrado pequeños avances legales y romper el silencio. Algunas han llegado a diputadas, otras desafían a las autoridades y la sociedad enseñando a las niñas. Las hay, incluso, que juegan a fútbol o boxean.

“Hacen falta generaciones, igual que los cambios sociales en Occidente han costado siglos, pero la guerra constante durante 30 años no ha permitido que haya una evolución social”, agrega Bernabé, que ha trabajado como corresponsal en Afganistán los últimos ocho años y que presidía la Asociación para los derechos humanos en Afganistán (ASDHA). Tanto ella como Sánchez denuncian el papel de la comunidad internacional, que mira hacia otro lado.

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2 comentarios en “Lo peor no es el burka

  1. Vojtěch Šimíček se dotknul druhé roviny reportáže, která zamrazila i mě. Nagy byl jen první vlaštovkou, na to pamatujme.Co je však horší, je ta prvotní rovina. Neschopnost vnitřní samoregulace justičního prostředí. Nagy byl očividná výjimka (nova na něj přišla v souvislosti s prodejem směnky jim vystavené), a i jeho soudní systém nedokázal odhalit. Signál, který to do společnosti vysílá pouze legitimizuje účel, který světí prostředky.A mezi námi holkami, akademické teoretizování je krásná věc, ale ta realita hodnotového systému některých soudců na nižších úrovních je opravdu krutá.

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