Mucho más que asesinatos

Fillion y Katic, en una imagen promocional.
Fillion y Katic, en una imagen promocional.

Breaking Bad, Modern Family, The Big Band Theory, Lost, Friends, Los Soprano… La lista de series que por su calidad, duración o audiencia han pasado a la historia de la televisión es interminable. Algunas, sin embargo, pasan desapercibidas, como la magnífica The shadow line, o son maltratadas, como Castle, de la que os voy a hablar hoy coincidiendo con el estreno en abierto de su séptima temporada. Cansados de cambios de horarios, suspensiones por partidos de futbol, cortes publicitarios que cortan el ritmo… hemos empezado a verla de estrangis y, por ahora, promete, y mucho.

Algunos dirán que es siempre lo mismo: un afamado escritor verborreico e hiperactivo que colabora con una guapa y perspicaz inespectora de homicidios de Nueva York para resolver un asesinato en cada capítulo y mantener la tensión sexual no resuelta entre el novelista y su musa. Y claro, si se resuelve dicha tensión, se condena la serie al fracaso. Nada más lejos. Castle es sorprendentemente adictiva, tanto por sus personajes, en especial el del escritor de best-sellers de misterio Richard Castle (Nathan Fillion), como por la química con la inspectora Kate Beckett (Stana Katic) y la relación con y entre el resto de personajes.

Beckett, Castle y Espo llegan a la escena de un crimen.
Beckett, Castle y Espo llegan a la escena de un crimen.

Además, si bien es cierto que en cada capítulo se resuelve un caso, también hay una historia que se va desgranando a medida que avanza la serie. Ha llovido mucho desde que Beckett se puso en contacto con Castle porque un asesino en serie imitaba los crímenes de una de sus novelas (que por cierto, está a la venta), y él conseguía empotrarse en la policía gracias a su estrecha relación con el alcalde. La relación entre Kate y Castle, entre éste y su hija, el asesinato de la madre de Kate, el desconocido padre de Castle… engrandecen la serie.

Los guionistas logran alternar capítulos de gran tensión con otros más intrascendentes pero muy divertidos, y suelen aliñarlos con guiños cinematográficos y literarios: a la novela negra, al cine de los años 40, a la ciencia ficción, a los cuentos de hadas, a los zombies, a los cazafantasmas… En más de una partida de póker han aparecido escritores del género como Stephen King, a quien se homenajeó con un asesinato durante una vídeollamada. Y, ¡oh!, el capítulo en homenaje a La ventana indiscreta fue soberbio.

Castle y Beckett, en comisaría con Kevin y la capitán.
Castle y Beckett, en comisaría con Kevin y la capitán Gates.

Pero no sólo los guiones son buenos, también lo es la producción. Castle es una de las pocas series que se rueda en 35 milímetros, como en el cine. Tardan ocho días en rodar cada episodio y suelen producirse cinco a la vez (uno escribiéndose, otro preparándose, otro en producción, otro en postproducción y otro en manos de la ABC). El montaje empieza el mismo día y se alarga dos o tres más después de acabar la grabación. Y se nota, la verdad, así que… ¡viva Castle!

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