Perdidos en el Delta de l’Ebre

Pocos son los afortunados que están ahora de vacaciones pero cualquier fin de semana es bueno para hacer una escapada al Delta de l’Ebre para cargar las pilas para afrontar la rutina, tomar perspectiva de los problemas y relajarse. Sobre todo, relajarse. Entre las excursiones a pie y en bicicleta, el silencio y los sonidos de la naturaleza y los manjares de la zona… poco podréis pensar. Fuimos un par de días a l’Ampolla y espero repetir pronto, aunque quizá en la próxima ocasión vayamos a Tortosa o Deltebre, para bajar por el río en barco, o a Sant Carles de la Ràpita para ver la zona sur del delta y acercarnos, si se puede, a la Punta del Fangar, un desierto rodeado de mar y con un bonito faro blanco.

La Punta del Fangar y su faro.
La Punta del Fangar y su faro.
Acantilado del GR-92.
Los acantilados del GR-92.

El primer día decidimos hacer un tramo de la ruta GR-92, el camino de ronda que recorre toda la costa catalana y que fue bautizado en honor a los Juegos Olímpicos de Barcelona, en dirección a l’Ametlla de Mar. Si estáis en forma, podéis recorrer los casi 13 kilómetros que separan ambas poblaciones. En cualquier caso, llevaros agua e id bien calzados porque si bien hay poco desnivel es un constante subir y bajar  por la rojiza costa escarpada. ¡Ah! Y ya puestos, llevaos unas cangrejeras si os queréis dar un baño. Hay calas deshabitadas, pero la mayoría son de guijarros.

La marca del GR-92 y mi excursionista más querido.
La marca del GR-92 y mi excursionista preferido.

El camino está marcado con unas franjas rojas y blancas, y está bastante bien acondicionado, con algunas pasarelas y barandillas de madera y toscos escalones en las paredes de piedra. No creo que os pase, pero si dejáis de ver las marcas, pensad que el mar siempre debe quedar a vuestra derecha. En el horizonte, veréis el Golf de Sant Jordi, la Punta del Fangar, y el Massís del Montsià. La verdad es que no llegamos excesivamente lejos (un tercio del recorrido, más la vuelta) por la falta de práctica y por ser uno de los días más calurosos del verano. Eso sí, comimos bajo los pinos y después nos tomamos un café con hielo en una terraza como unos marqueses.

El segundo día también fue caluroso pero más agradable gracias a la brisa marina y a que el esfuerzo físico fue bastante menor. Alquilamos un par de bicicletas y nos fuimos al parque natural del Delta, una zona protegida de 7.736 hectáreas y unas mil especies de flora y fauna. Pronto llegamos a la Bassa de les Olles, la laguna más pequeña del Delta, donde rompimos a la derecha para perdernos por los verdes arrozales y pedalear junto a un montón de libélulas. ¿Sabéis los delfines que juegan con barcos? Pues fue lo mismo pero con bicis e insectos y algo menos de glamour, aunque algunas especies tienen unos nombres preciosos, como los cavalls de bruixa o rodadits y los caballitos del diablo azul.

Una atalaya de observación y la pasarela de una de las casetas con el ... al fondo, dunas y arrozales del Delta.
Una atalaya de observación y la pasarela de una de las casetas con el Massís del Montsià al fondo, dunas y arrozales del Delta.

Alrededor de la laguna rodeada de cañas y juncos y a lo largo de la playa —que termina en el punto de acceso a las muscleras—, hay varios puntos (casetas sorprendentemente frescas y atalayas) para observar tanto a las aves que nidifican en el parque como los que están de paso durante su migración, como patos, garzas grises, gaviotas cabecinegras, flamencos rosas y pájaros de los que nunca había oído hablar. También hay gran variedad de peces, como las anguilas, los salmonetes y las corvinas, serpientes de agua, ranas, sapos comunes, lagartijas y un montón de insectos asquerosos pero que seguro que son fundamentales para la cadena alimenticia.

Y hablando de alimentos… Si la zona ya es preciosa, la visita aún vale más la pena si paráis a comer un arroz en El Goleró. Probamos un arroz negro espectacular aunque el de marisco también olía divinamente. Eso sí, mejor que os llevéis una toalla para echaros un rato a la sombra, si rematáis la comida con una copita de crema de licor de arroz. ¡Qué dura se hizo la vuelta en bici!

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