Alemanes, medusas y cabras salvajes

Antes de que desaparezca mi sutil bronceado y recupere mi blanco nuclear habitual, quiero compartir con vosotros algunas de las playas que visitamos en Mallorca. Pero eso sí, en voz baja, que las hay casi desérticas. Así que coged la sombrilla, provisiones para pasar el día y Biodramina si alguien se marea porque, en algunos casos, pasaremos por un montón de curvas y cruzaremos la isla de un extremo a otro. Pero merece la pena, aunque haya medusas, como nos pasó en algunos casos, ya veréis.

La primera la descubrimos por casualidad, en el extremo septentrional de la Serra de Tramuntana. Queríamos ir a Formentor, donde los pinos llegan a escasos metros del agua cristalina, pero pagar 10 euros para dejar el coche dos horas en el aparcamiento (era el precio de todo el día), nos pareció excesivo y decidimos seguir con el coche y descubrir adónde llevaba la sinuosa carretera, desde la que se divisa la bahía de Pollença, por un lado, y acantilados, por el otro.

Vistas desde el mirador, la única foto que no es mía.
Vistas desde el mirador, la única foto que no es mía.

Cerca de la cima, hay el Mirador de sa Creueta. Aprovechad para estirar las piernas y contemplar los acantilados, el islote d’Es Colomer, la atalaya d’Es Albercuix, construida para defenderse a los piratas, y, en días de buena visibilidad, divisar Menorca. O, mejor, hacedlo a la vuelta para disfrutar de una magnífica puesta de sol. Unas cuantas curvas más allá, empezamos a ver coches aparcados en el arcén y varias señales, una de ellas indicaba la dirección hacia Cala Murta y decidimos arriesgarnos.

En cala Murta, el mar se adentra unos 180 metros formando una playa semicircular de arena y piedras (¡llevaros cangrejeras o un calzado similar!) en la que muere un torrente rodeado de pinos. Para llegar, hay que recorrer a pie un camino de 1.700 metros junto al que hay caballos y burros y las únicas construcciones son una finca rural y el oratorio de la Mare de Déu de Formentor, así que no suele haber mucha gente. Creo que éramos menos de 20 personas cuando fuimos. ¡Ah! Y un boc, un macho cabrío que metió la cabeza en una de nuestras bolsas en busca de comida. ¡Qué tío!

El agua turquesa de cala Murta.
El agua turquesa de cala Murta.

Aunque para curvas, las de la carretera que lleva a Sa Calobra y Cala Tuent, en el noroeste de la isla, al otro lado de la Serra de Tramuntana. Eso sí, las vistas son espectaculares. No os desaniméis ante los 14 kilómetros de curvas, entre ellas, doce de 180 grados y una de 360, conocida como Nus de sa Corbata. ¡Ah! Y no os asustéis por la cantidad de autocares que veréis, van todos a Sa Calobra, otra playa preciosa entre acantilados pero abarrotada de turistas.

La pequeña y asilada cala Murta.
La pequeña y asilada cala Tuent.

Cala Tuent se encuentra a 40 kilómetros de Sóller y a los pies del del Puig Major, la cima más alta de las Islas Baleares con 1.445 metros de altitud. Resguardada por roquedales, la playa es de grava gruesa y guijarros y entre los bañistas solo encontraréis algún turista atrevido y los vecinos de la veintena de chalés que hay en la zona.

Pero si queréis algo más accesible, tenéis playas como Can Picafort, en la bahía de Alcúdia —tranquila pese a ser una playa urbana llena de turistas, principalmente alemanes, ¡cómo no!—, o Cala Mesquida, situada a siete kilómetros de Capdepera, en el extremo oriental de Mallorca. Es una cala de arena fina entre roquedales que terminan en dunas y que en 1991 fue declarada área natural de especial interés aunque 20 años antes se construyeron varios hoteles y apartamentos, por lo que es una playa bastante concurrida. Como en toda la costa norte, sopla el viento y suele haber olas.

Las dunas de cala Mesquida.
Las dunas de cala Mesquida.

También encontraréis dunas en la playa de Sa Ràpita, junto a la paradisíaca Es Trenc, el último gran arenal bien conservado y sin urbanizar. Son playas de arena blanca, dunas, algas, pececillos, agua cristalina de tonos turquesas en la que puedes adentrarte andando durante metros y metros pese al oleaje que suele haber en esta zona del sur de Mallorca, desde el que se divisa el archipiélago de Cabrera.

La cala Sa Ràpita, junto a Es Trenc.
La cala Sa Ràpita, junto a Es Trenc.

Por cierto, además de alemanes, franceses, caballos y cabras, encontramos alguna medusilla, así que es recomendable consultar la web de Turismo de Baleares, aunque no hay información de todas las playas. Si un día encontráis, pensad que se mueven con las corrientes y buscad una playa opuesta, lo que no significa que necesariamente tengáis que ir al otro lado de la isla. Y si os pican, nada de agua dulce. Mejor salada, vinagre o amoníaco y una bolsa con hielo.

En cualquier caso, las playas son espectaculares y vale la pena ir aunque no os podáis bañar. Toda la isla vale la pena, incluso en invierno. De hecho, debería escribir un libro entero y no una simple entrada en mi blog para hablaros de ella, de sus playas, de Valldemosa, de su leche de almendras, de las Coves del Drach, del puerto de Sóller, de la coca de trampó, de las ensaimadas de albaricoques, del casco viejo de Palma…

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