Cuscús a nuestro estilo

No me gusta pasarme dos horas cada día en el metro y salir corriendo después de comer pero cómo me gusta poder escaparme de vez en cuando a casa para comer con mi chico. Y si encima me prepara algo tan suculento como un cuscús con verduras a nuestro estilo… Me derrito. La verdad es que no solíamos comer cuscús muy a menudo pero hace poco redescubrimos su versatilidad: se pueden usar mil ingredientes, se puede comer caliente, templado o frío, y se puede comer tranquilamente en casa o en el trabajo.

Por cierto, sabíais que la primera referencia bibliográfica del cuscús data del siglo XIII y que este plato tradicional del Magreb se menciona, incluso, en títulos de la literatura clásica como Tirant lo Blanc, de Joanot Martorell (1464), y El ingenioso hidalgo Don Quijote de la Mancha, de Miguel de Cervantes (1605).

Hasta hace poco sólo lo habíamos preparado en un par de ocasiones y siguiendo un estilo más tradicional, cociendo las verduras y el pollo con un poco de caldo. Pero uno de mis libros de cocina proponía hacerlo con calabacines, berenjenas y zanahorias asadas y, ya frío, aderezarlo con ralladura de piel de limón y de naranja y con cebollino. Me pareció una idea buenísima, especialmente para verano cuando los purés o la verdura al vapor son poco apetecibles.

Todavía no hemos probado esta receta pero nos hemos inventado una, dos, bueno, cada día es algo distinta porque varía en función de los ingredientes que tenemos disponibles. Pero más o menos, es la siguiente. Picamos un ajo, cortamos en juliana una cebolla y lo doramos en una sartén. Mientras se vuelve transparente, cortamos un calabacín y varios champiñones o un trozo de calabaza y un par de zanahorias o lo que os apetezca.

Cuscús con calabaza y zanahorias en casa y con calabacín y champioñes en el trabajo.
Cuscús con calabaza y zanahorias en casa y con calabacín y champioñes en el trabajo.

Agregamos una copita de vino blanco (que no falte) y cuando el alcohol se evapore, incorporamos las verduras y las dejamos cocer unos minutos. Cuando empiecen a estar blandas (no nos interesa que se cuezan en exceso, sino que más bien estén al dente), agregamos un puñado de piñones y de pasas y una cucharadita de comino molido que le da un gusto muy especial. Justo antes de apagar el fuego, hay que preparar la sémola de trigo —que es trigo molido sin llegar a convertirlo en harina— siguiendo las instrucciones.

Y ya está. Os lo podéis comer acabado de hacer, dejarlo enfríar, llevároslo al trabajo… o, mejor aún, a la playa o a un picnic en un parque o podéis organizar un brunch. Todo muy hipster. Colocáis el cesto de mimbre en la bicicleta vintage, os dejáis barba si sóis chicos, os ponéis unos pantalones de pitillo, una camisa de cuadros, unas Wayfarer o unas Clubmaster… y ale, ya tenéis el look. ¡Cómo se me va la pinza! En fin, espero que os guste la propuesta y que innovéis.

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