Formas alternativas de aprender

No soy una gran fan de los cómics en buena parte porque soy una lectora vuelapáginas y me cuesta mucho detenerme en cada viñeta para apreciar los detalles de las ilustraciones. Y las hay impresionantes. Sin embargo, los cómics son una buena forma de evadirse, para aprender… y una buena muestra de ello son las exposiciones del Salón Internacional del Cómic de Barcelona.

De hecho, su 32ª edición ha estado dedicada al cómic bélico coincidiendo con el tricentenario del fin la guerra de Sucesión, el centenario del inicio de la primera Guerra Mundial y el 75º aniversario del de la segunda, los mismos años que hace que acabó la Guerra Civil. La exposición Còmics en guerra repasó a través de las viñetas esos y otros conflictos desde la prehistoria, como la Guerra Civil, la de Corea o la de Irak y ha puesto de relieve la labor de la Cruz Roja y de los periodistas.

Cómics en guerraEs una lástima que sólo los amantes de los cómics hayan tenido la oportunidad de visitar la exposición, que estaba complementada con recreaciones —en las que se colaron el Capitán América y Tintín— y vehículos militares históricos, como un camión de la Guerra Civil, un semioruga y una ambulancia estadounidenses de la II Guerra Mundial o un tanque usado en Corea y Vietnam. El castillo de Montjuïc debería tener algo así.

A los adolescentes les suele costar leer y muchos aborrecen las clases de historia, así que puede ser una buena idea explicarles acontecimientos históricos a través de los cómics, algo que pueden ver mucho más cercano, divertido y asequible que un ensayo o una novela. Y así también se potenciaría la lectura. De hecho, Ensenyament organizó su séptima jornada sobre el cómic como herramienta educativa pero dudo que los profesores de historia más aburridos se animen a probarlo.
Vale, no todos sirven para aprender. Algunos ilustradores optan por la parodia pero otros ofrecen viñetas realistas y visiones críticas de lo ocurrido. Como los protagonizados por el corresponsal de guerra Frank Cappa, los escritos por un veterano de a guerra de Vietnam (The Nam) o Srebrenica, una crónica periodística interactiva en la que Joe Sacco retrata las cicatrices aún abiertas de la mano de uno de los supervivientes de la matanza.

Intimidades y aniversarios

Pero la de Còmics en guerra no fue la única exposición organizada ni mucho menos. Viñetas autobiográficas es lo que su nombre indica y muestra que los cómics pueden servir para explicar en primera persona como es vivir en la calle, tener un hija gravemente enferma o como es ser una Moderna de pueblo.

Otras exposiciones rindieron homenaje a populares personajes que están de aniversario como Popeye, que cumple 85 años comiendo espinacas, aunque recibió muchas menos visitas que las de Lobezno, que este año entra en la cuarentena, y Batman, que cumple 75 años tras alcanzar la madurez (cinematográfica) de la mano de Chritopher Nolan y Christian Bale.

Y no quería acabar este post sin mencionar la muestra Por el derecho a sonreír, un homenaje a los humoristas gráficos y una reivindicación del humor y el respeto por las opiniones de los demás por mucha crispación que digan que hay en Catalunya por culpa del derecho a decidir. Me hizo gracia que las ilustraciones estuvieran distribuidas en cabinas para votar.

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