Las torrijas de Kike

Menuda sorpresa me llevé el viernes. Llegué a casa y mi chico, como esperaba, estaba en la cocina pero no preparando el almuerzo, no, algo mejor. ¡Estaba preparando torrijas! Unas torrijas que me prometía desde hacía tiempo medio en serio, medio en broma. Y no pudo escoger mejor día, pues el viernes era el Día de la Torrija en Twitter. ¡Menuda pinta tenían y estaban tan ricas como parecían! Así que la entrada de hoy va dedicada a Kike por endulzarme la vida literal y figuradamente.

Como no podía ser de otro modo, utilizó la receta de torrijas de leche de Directo al Paladar y me encantó verlo ataviado con el delantal y todos los ingredientes y platos necesarios colocados estratégicamente en el mármol: en uno tenía las rebanadas de pan, un huevo batido en un bol, en otro plato papel secante y en otro el azúcar con la canela. Más organización, imposible, pero vayamos por pasos.

En primer lugar, hay que calentar un un litro de leche, infusionar una rama de canela (de las largas) y añadir 100 gramos de azúcar. Después hay que dejarlo enfriar un poco para evitar que el pan se reblandezca demasiado y se rompa al empaparlo en la leche. Mientras se enfría, hay que cortar el pan en rebanadas de más de un centímetro. En Directo al Paladar recomiendan usar un pan especial para torrijas, pero para ser la primera vez valió el pan que nos sobró dos días antes (tiene que estar un poco duro para que no se rompa).

Una vez empapadas de leche, hay que pasar las rebanadas por huevo batido y freírlas en aceite de oliva bien caliente hasta que adquieran un color dorado. Escúrrelas bien y déjalas un instante sobre papel absorbente para quitar el aceite sobrante. Seguidamente, hay que rebozarlas con azúcar y canela (dos cucharaditas de canela en polvo por cada 100 gramos de azúcar). El olor era espectacular. Supongo que ayudó que la canela fuera comprada a granel en el Mercado de las Especies de Ístanbul y no de un bote del supermercado.

La primera referencia bibliográfica sobre las torrijas es del siglo XV y, al parecer, como plato indicado para parturientas, y en la actualidad se suelen comer durante la Cuaresma y la Semana Santa, salvo en Cantabria que hacen algo parecido para Navidad como en Honduras. Yo la verdad es que la primera vez que las comí fue en Madrid el año pasado, pues en Catalunya lo más típico de estas fechas son los buñuelos y la mona de Pascua, claro. De hecho, parte de la plaza Universitat de Barcelona ha olido a buñuelos durante semanas gracias al Forn Mistral.

Hay infinidad de variantes, con miel, vino, Baileys, chocolate, leche condensada… Y se preparan en buena parte de Europa y América. Las más populares seguramente son las francesas, que en el mundo anglosajón se conocen como french toast pues no se fríen en aceite sino que se hacen a la plancha. En esta ocasión no pienso dar información nutricional, sólo diré que una vez al año no hace daño y que son riquísimas para el alma.

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