‘No se lo digas a nadie’

¿Qué tienen en común Presunto inocente, Con la muerte en los talones y El fugitivo? Pues que son películas con un falso culpable con el que los espectadores empatizan con facilidad porque saben que no ha hecho nada. De hecho, es fácil espolear al protagonista desde el sofá de casa para que corra más y evite ser capturado. Otra cosa que tienen en común es que son producciones estadounidenses. Pero, ¿sólo los yankies saben hacer thrillers de acción? Pues no, y hoy os traigo una prueba: No se lo digas a nadie (2006).

La cinta está dirigida por Guillaume Canet, a quien visteis junto a un joven Leonardo DiCaprio en La playa y, entre otras, en una película de espionaje ambientada en el Moscú de la Guerra Fría titulada El caso Farewell que desde aquí os recomiendo fervientemente. En esta ocasión, además de dirigir la cinta, también interpreta un pequeño papel. El protagonista es François Cluzet, protagonista de Intocable e Incompatible y quien ya actuó bajo las órdenes de Canet en Pequeñas mentiras sin importancia.

La cinta lleva a la gran pantalla la novela homónima de Harlan Coben aunque hay algunas diferencias, incluida la identidad del asesino. Lejos de molestarse, Coben aseguró que el final de la película era mejor que el de la novela. A los americanos también les gustó mucho pero como no pueden ver cintas extranjeras, Miramax y Focus Features Intl. compraron los derechos para hacer el remake y se dice que Ben Affleck será el encargado de dirigir la adaptación.

Scott Thomas y Cluzet
Beck y su cuñada, viendo las imágenes

La historia arranca con el brutal asesinato de Margot (Marie-Josée Croze), la mujer de Alexandre Beck (Cluzet), quien permanece varios días inconsciente al ser agredido. Ocho años después, cuando todavía no ha superado la pérdida pese a la ayuda de su cuñada (Kristin Scott Thomas), Alex recibe un vídeo en tiempo real en el que se ve a su esposa. Además, la policía descubre dos cadáveres cerca del lugar del crimen y reabre el caso en el que él es el principal sospechoso.

La película atrapa desde el principio. El cerco cada vez más estrecho alrededor de Beck, los flashbacks al pasado, tanto a la niñez de los protagonistas como al momento del crimen, los planos con movimientos… y una trepidante persecución en la que Beck arrastra a la policía hasta el otro lado del Boulevard Périphérique, donde la policía no es bien recibida por los vecinos, infieren el ritmo necesario para compensar un ligero exceso de metraje. Además, el suspense se mantiene hasta el final, cuando todas las piezas del puzle encajan a la perfección.

Por cierto, a menudo me quejo de la imagen que dan del periodismo algunas películas como Pacto de silencio, un telefilm (no tiene otro nombre) dirigido y protagonizado por Robert Redford en el que también aparece Shia LaBeouf y actores míticos como Julie Christie, Susan Sarandon, Nick Nolte o Chris Cooper, aunque su presencia no salva la cinta. Pero a lo que iba, me quejo de la imagen que se da a veces de los periodistas pero es que en No se lo digas a nadie la policía queda a la altura del betún.

Para rematar, cuenta con una buena banda sonora repleta de canciones muy bien elegidas que obtuvo el César a la mejor música, aunque no fue el único premio que recibió: Cluzet y Canet se alzaron con los galardones a mejor actor y mejor director, respectivamente, y el montaje también fue premiado por la academia de cine francés.

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