‘The monuments men’

¡Aleluya, el viernes fuimos al cine! Claro que éramos diez en una sala de 300 butacas y eso que la peli se estrenaba ese día. Pero a lo que iba, vimos The monuments men, en la que George Clooney explica un episodio poco conocido de la II Guerra Mundial: en 1943 se encargó a un centenar de historiadores, directores de museos y expertos en arte la misión de recuperar las obras de arte robadas por los nazis para salvaguardarlas (los soldados alemanes tenían órdenes de destruirlas si caía el Reich) y devolvérselas a sus legítimos propietarios.

Los auténticos Monuments men
Los auténticos Monuments men, en el castillo de Neuschwanstein.

En la cinta, sin embargo, son sólo siete los expertos encargados de esta compleja misión y, además del propio Clooney, están encarnados por Matt Damon, Bill Murray (a menudo no necesita decir nada), John Goodman, Bob Balaban, el francés Jean Dujardin y el británico Hugh Bonneville, cuyo papel debía interpretar Daniel Craig aunque no se le echa de menos. Les acompaña el joven Dimitri Leonidas y Cate Blanchet, quien imita muy bien los distintos acentos (aquí hace de francesa y en El buen alemán de Steven Soderbergh, de alemana), pero… ¿de verdad no hay actores extranjeros para interpretar los personajes que no son estadounidenses?

Puede parecer surrealista que, entre tanta muerte y destrucción, se encargara salvaguardar obras de arte a un grupo de expertos. Sin embargo, el personaje al que da vida Clooney, Frank Stokes, explica la razón de forma meridiana al principio de la cinta: “Los pueblos se recuperan pero si destruyes sus logros, su historia, es como si nunca hubiera existido“. De ahí que arriesgaran su vida por preservar miles de años de cultura e historia de la humanidad. De ahí la tragedia que representan noticias como la destrucción de los budas de Bāmiyān.

El tema es apasionante (si os interesa, el libro homónimo de Robert Edsel y el documental El rapto de Europa profundizan en la cuestión) y la peli nos gustó. Es cine de evasión a la antigua usanza y evoca el cine bélico de los años sesenta, a lo que ayuda la fantástica banda sonora de Alexandre Desplat. De hecho, este divertimento acarreó a Clooney duras críticas en el Festival de Berlín, donde se estrenó la cinta fuera de concurso, como si el director de Buenas noches y buena suerte y Los idus de marzo no pudiera hacer películas superfluas.

Ello no quita que aunque la peli esté bien se quede un poco tibia, un poco en tierra de nadie. Tiene momentos cómicos y otros dramáticos pero la guerra y sus consecuencias quedan algo lejos de la trama y, sobretodo, no exprime todo el jugo a los personajes ni la relación entre ellos. Es como si Clooney y Grant Heslov hubieran escrito un guión para una peli de cuatro horas y hubieran tenido que recortar demasiado durante el montaje. Una auténtica lástima aunque merece la pena verla y la presentación de los personajes es magnífica.

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