‘La verdad oculta’

Suelo traeros películas entretenidas, más o menos comerciales, pero cuyo objetivo final es el de entretener. No es el caso de la cinta de hoy. Nos ha encantado pero nos ha dejado un mal cuerpo increíble. Se trata de La verdad oculta (The Whistleblower), el primer largometraje de Larysa Kondracki, y está inspirada en una historia real, una historia de esas que no se enseñan en el colegio, de esas de las que apenas se habla en los medios, de esas historias que nos parecen tan abominables e inconcebibles que, a veces, preferiríamos vivir en la ignorancia.

La historia sucede tras la guerra de los Balcanes y Rachel Weisz da vida a Kathryn Bolkovac, una agente de policía de Nebraska que en 1999 se enroló como observadora de paz de Naciones Unidas en Bosnia contratada por DynCorp (Democra Security en la ficción), una de las mayores empresas militares privadas de EE.UU. que factura 3.000 millones de dólares. Según la cinta, los únicos requisitos que pedía la compañía para ser observador de paz era el graduado escolar y tener más de 21 años.

Al poco de llegar, la nombran responsable de los delitos de género y descubre que quienes debían garantizar la paz no lo están haciendo: algunos de sus compañeros y altos mandos diplomáticos no sólo toleran la trata de blancas y la explotación sexual, sino que la promueven activamente y sacan partido.

Desde hace décadas, los soldados (no todos, claro) violan a las mujeres, hijas, hermanas… de sus enemigos, tanto durante la guerra (como en Bosnia, Ruanda, Irak, Chechenia…) como una vez finalizada la contienda (como en la zona de ocupación soviética tras la II Guerra Mundial). Las violaciones de guerra son espeluznantes pero lo son aún más si cabe que quienes deben garantizar la paz trafiquen con mujeres y niñas, las exploten sexualmente, las torturen… Y la peli no se anda con remilgos, algunas escenas son desgarradoras.

La cinta, en la que Monica Belluci y Benedict Cumberbatch tienen dos pequeños papeles, es muy sórdida y capta “la obcena violencia del tráfico sexual con una suciedad descarnada”, como dijeron en Entertainment Weekly, y a menudo lo hace cámara en mano transportando al espectador al centro de la acción, por lo que es imposible no sentir empatía por las chicas y por Bolkovac, es imposible no indignarse. Así que si podéis, no dejéis de verla.

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