Pollo con ciruelas y piñones

Ya hace días que hemos dejado atrás las fiestas y las comilonas y quizá debería guardarme la receta de hoy para las próximas Navidades pero está tan rica y es tan fácil de hacer que os irá genial si un día tenéis invitados y queréis quedar bien o, simplemente, celebrar… yo qué sé, la llegada de febrero. Cualquier excusa es buena. La encontré en La cuina de sempre mientras buscaba recetas de pollo con ciruelas para hacer para san Esteban y está explicada con todo detalle y con un montón de fotografías, pero de todos modos, dejadme que la comparta con vosotros. Albert, estava per llepar-se els dits!

¡Vamos allá! En primer lugar, debéis limpiar bien el pollo, salpimentarlo y dorarlo en aceite y manteca (aunque yo sólo usé aceite de oliva) hasta que coja buen color. Quizá debáis hacer un par de tandas. Cuando esté listo, reservad el pollo, retirad un poco de aceite si habéis usado demasiado. En la misma cazuela, sofreíd dos cebollas cortadas en trozos grandes y seis ajos partidos por la mitad (Albert los puso sin pelar pero la próxima vez los pelaré para no encontrarme luego la piel) junto a media ramita de canela y un poco de laurel.

Cuando tenga un poco de color, agregad el pollo y mezclad bien. Incorporad una copa de coñac y otra de vino blanco, tapad y dejad entre diez y quince minutos a fuego medio hasta que se evapore el alcohol. Seguidamente, agregad agua caliente hasta casi cubrir el pollo y dejad que se cueza a fuego lento entre 40 o 50 minutos vigilando que no se quede sin agua. Añadid 200 gramos de ciruelas con hueso y un puñado de piñones y dejad cocer 20 minutos más, removed de vez en cuando con cuidado de no romper las ciruelas y rectificad de sal si es necesario. Y ya está.

Eso sí, si dejáis que el pollo repose toda la noche o un día entero, mejor que mejor, así se impregna a un más de los jugos y queda más tierno y sabroso. Además, de esto modo, sólo tendréis que calentarlo y no os agobiaréis con los preparativos y la llegada de los invitados. Lo podéis acompañar con una ensalada, unas patatas al horno como las que nos hizo mi hermano para acompañar el cordero al horno, o con un poco de puré de boniato, que podéis preparar hirviendo este tubérculo y triturándolo con una pizca de leche, de mantequilla, de nuez moscada y de un puñadito de nueces picadas (que por cierto, olvidé comprar).

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