Hipsters, hombreras y otras cosas de la abuela

Esta noche arranca la 080 Barcelona Fashion con una desfilada de Mango en el Born Centre Cultural, la misma firma que hace chaquetas con la tela que les debió sobrar a los fabricantes de sofás de los años sesenta. Una horterada. Espero que esta noche presenten algo más bonito, la verdad. Como podéis imaginaros estos de la moda no es lo mío.

Chaquetas de Mango
Chaquetas de Mango

No la entiendo, como no entiendo el regreso del animal print, como se llama ahora, ni de las hombreras ni de las chaquetas acolchadas ni de los pantalones pitillo ni de los leggins con estampados de cortina hortera (para mí siguen siendo las mallas de toda la vida). Tampoco entiendo los complementos sin sentido (gafas de ver sin graduar o bufandas que cubren los hombros, por citar dos ejemplos), las barbas sin cuidar pero con un corte de pelo perfecto o el llevar pantalones demasiado cortos y sin calcetines en pleno invierno.

Y, claro, luego está el tema de las tallas, que no sólo no coinciden entre las distintas marcas sino que por lo general son minúsculas. No creo que esté gorda y no entiendo porqué me resulta tan difícil encontrar no sólo pantalones en los que embutirme sino camisetas en los que me quepan los brazos. Y tampoco entiendo determinados cánones de belleza que ponen en pedestales a chicas esqueléticas y chicos desgarbados, todos ellos bastante andróginos y con cara de asco.

Irónicamente, lo más mainstream estos días es todo lo hipster, una subcultura que nació en los años 90 inspirada en otra de los años 40 que ha vuelto a aparecer para poner de moda el tomar el té, la ropa de segunda mano, Paul Auster, la comida orgánica, la cerveza artesanal, Wes Anderson, las gafas de pasta XXL, las pajaritas y los tirantes, las barbas y los bigotes, el longboard… Una subcultura de la que el programa de TV3 Polònia hace tiempo que se ríe a través de la imitación de Bibiana Ballbè. Aquí un ejemplo, de la Ballbè polaca entrevistando al papa Francisco.

En The Clinic, la definen como “una subcultura de falsas apariencias, una engañosa y vacua manera de vivir cara la galería” en la que predominan jóvenes y maduritos de clase media-alta que “abanderan el lema de subcultura creativa y underground, más pendientes del dinero y del que dirán que de los contenidos de sus creaciones”.

The Clinic también los define como vampiros, pues absorben un poco de cada subcultura, apropiándoselo y mezclándolo con otros estilos estéticos de distintas etnias, cuyo resultado es “una mezcla muy vistosa formalmente y muy vacía de contenidos”. Eso sí, no se ven a sí mismos como hipster y miran por encima del hombro al resto de tribus urbanas. No podría estar más de acuerdo. Y para acabar de compensar los primeros párrafos de la entrada de hoy, estoy algo gruñona, ya me perdonaréis, otro momento surrealista de la Ballbè polaca.

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