Una megalópolis multicultural

Después de esta pausa bloguera, quiero llevaros a una ciudad muy especial, con más de 15 millones de habitantes es más bien una megalópolis y por su ubicación geográfica se ha impregnado de numerosas culturas. Es ni más ni menos que Estambul. Napoleón Bonaparte dijo que si el mundo fuer aun único país, sería su capital. Sin embargo, pronto perderá a dos de sus mejores habitantes, unos ilusos que se vienen a España… A ellos, les dedico esta entrada. Gracias por ser como sóis y mucha suerte en vuestra nueva etapa.

En Las ciudades de los muertos, ya os llevé al cementerio del Sultán Eyüp, desde donde se divisa todo el Cuerno de Oro y ya sabéis como me gusta tener una visión general de las ciudades que visito. Desde allí bajamos a uno de los barrios más pobres de Estambul, donde aún se calientan con madera y carbón, y donde algunos gremios aún se agrupan por calles. Quizá no es muy turístico muy cerquita de allí se encuentra San Salvador en Chora, una pequeña iglesia que fue mezquita y que ahora es un museo de mosaicos.

Yeni Camii, la mezquita que está junto al Bazar de las Especies
Yeni Camii, la mezquita que está junto al Bazar de las Especies

Otra mezquita poco frecuentada es la Süleymaniye Camii. Es inmensa, de hecho, es la más grande de toda la ciudad y ha sido restaurada varias veces pues desde el siglo XVI ha sufrido incendios, terremotos… e, incluso, fue usada como un almacén de armas durante la I Guerra Mundial. La inmensa cúpula flanqueda por semicúpulas, sus arcos ojivales con rayas azules y rojas, sus azulejos de Iznik… Y las vistas desde fuera son espléndidas y de las más típicas aunque son pocos los turistas que suben la empinada y empedrada calle que conduce a ella desde el centro histórico.

La verdad es que nos hicimos un hartón de ponernos y quitarnos las bambas y cubrirnos con velos (bueno, eso sólo yo) para entrar en mezquitas y algunas son preciosas (aunque prefiero no hacer valoraciones religiosas ni políticas), como la Nuruosmaniye Camii. Está muy cerca de una de las puertas del Gran Bazar y puede pasar bastante inadvertida. Es espléndida, enorme también, blanca y azul. La primera que visitamos, la Yeni Camii, está juno al Bazar de las Especies o Egipcio (que me gustó más que el Gran Bazar) y es que, como es de esperar, hay mezquitas en todas las esquinas.

Eso sí, la más conocida y visitada es la Mezquita Azul, aunque quizá no se habla tanto del olor a pies que impera en el ambiente. Justo enfrente, al otro lado del Hipódromo se encuentra Santa Sofía, que como bien sabréis fue iglesia, mezquita y ahora es un museo. Ver esos mosaicos que tantas veces has visto en los libros del colegio provoca una sensación que no soy capaz de describir. Pero bueno, no sólo hay mezquitas, también hay iglesias como la de Santa María Draperis, a la que se accede por un portal de Istiklâl caddesi, la céntrica calle del tranvía rojo, o la de la Santísima Trinidad, que está muy cerquita de la plaza Taksim y cuyo portero deberéis buscar para poder entrar, algo que descubrí leyendo Muerte en Estambul, de Petros Márkaris.

Tres imágenes de Topkapi
Tres imágenes de Topkapi

Pero volviendo a Santa Sofía, sólo deciros que hacia la izquierda encontraréis la Yerebatan Sarnici o la Cisterna Basílica, un nombre que le va al pelo, pues se trata de la cisterna bizantina subterránea más grande de la ciudad con sus 336 columnas de ocho metros y sus esculturas, entre ellas dos monumentales cabezas de Medusa. Hacia la izquierda encontraréis el palacio de Topkapi, que bien merece una visita pese a las hordas de turistas y el aspecto polvoriento de su interior. Incluso con sus cientos de visitantes, no os sorprendería que de alguna de sus puertas salieran Jasmín y Aladdín.

Otra de las cosas que os recomiendo fervientemente es coger un ferry, bien para cruzar a la parte asiática, que irónicamente es la más europea, y contemplar así todo el conjunto. Es relajante y la vista es preciosa, especialmente durante la puesta de sol. Eso sí, para navegar por el Bósforo no se os ocurra coger un barco en el centro. Pillad el tranvía y después un autobús hasta Ortaköy, una mezquita que está en la orilla cerca de uno de los puentes que cruzan el Bósforo. El esfuerzo, el tráfico estambulita es algo agobiante, vale la pena y más si tras la travesía os tomáis una patata rellena y un gofre con todo lo que queráis.

La Mezquita Azul y Santa Sofía, desde un ferri hacia la zona asiática.
La Mezquita Azul y Santa Sofía, desde un ferri hacia la zona asiática.

La verdad es que no suena muy turco pero están riquísimos, como las hamburguesas mojadas (más sabrosas que visualmente apetecibles), los baklavas, los keftas de ternera, los durums, las verduras rellenas, los manti (una especie de raviolis turcos que se toman con salsa de yogur y pimentón picante, entre otras especies) o un postre turco que al parecer está hecho con pechuga de pollo pero que, sin saber a pollo, está delicioso. La ciudad es mucho más, tiene incluso islas, pero sólo dos últimos detalles: está llena de perros y gatos callejeros que son cuidados por sus vecinos y, de garrafas en las que se recogen tapones de plástico para buenas causas (¡o eso me dijeron!).

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2 comentarios en “Una megalópolis multicultural

  1. Ohhh!!! Prima me ha llegado al alma. Muchas gracias por el blog y sobre todo por vuestra gran visita a Estambul. A partir de ahora estaremos más cerca 🙂 Hasta MAÑANA!!!

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