Ensalada de Tête de Moine, mandarinas y avellanas

Después de tantas comilonas, hoy os traigo otra ensalada maquillada aunque creo que bastante sana: ensalada de Tête de Moine, mandarinas y avellanas, aunque esta vez no tenía este rico y oloroso queso suizo he tenido, así que usado un poco de manchego, que al ser también fuerte de sabor combina a la perfección con la acidez y el jugo de la mandarina. Las avellanas aportan un punto crujiente.

Como os he comentado en alguna ocasión, me encanta el queso. Éste en particular es producido por los monjes de la abadía de Bellelay, situada en las montañas del Jura bernés (el cantón es germánico pero esa zona es francófona), desde hace ocho siglos, aunque se llama Tête de Moine desde la Revolución Francesa, cuando los soldados expulsaron a los monjes y descubrieron queso almacenado. Lo más curioso de este queso es la forma en que se corta: se raspa con un cuchillo creando una especie de flor que acentúa sus sabores y olores.

Sin embargo, debo admitir que, de pequeña, detestaba las mandarinas y se me hacía bola cuando la hermana Maite me metía media en la boca. No como a diario pero digamos que he superado el trauma y ya aprecio su sabor aromático. Además, esta fruta, originaria de China, Indochina e India que llegó a España en el siglo XVIII, contiene mucha vitamina C, vitamina B, ácido cítrico (de acción desinfectante, alcaliniza la orina y potencia la acción de la vitamina C)… y sus semillas, aceites grasos. Ya lo sabréis, pero estamos a mitad de temporada, va de septiembre a marzo, así que aprovechad.

Y qué decir de las avellanas. Son altamente nutritivas por su contenido de proteínas, grasa y minerales, como el calcio y también es una buena fuente de vitaminas E y C y un atioxidante. Además, gracias a sus ácidos grasos monoinsaturados, ayuda a reducir el colesterol y, consecuentemente, el riesgo de sufrir enfermedades cardiovasculares.

La receta la encontré en Menjar bé en família per menys de 9 euros, de Pep Nogué. En realidad, es nuestra versión de su ensalada, porque él la hace con escarola pero como podéis imaginar cómo me gusta… nosotros usamos rúcula y tampoco le echamos hinojo, uva blanca ni piña natural (me gusta añadir fruta a la ensalada pero sin convertirla en macedonia). Pero bueno, aunque hagamos una versión más rápida y sencilla, el nombre es el mismo.

Para nuestra versión, sólo hay que pelar bien un puñado de avellanas y una mandarina y repartirlas sobre un fondo de rúcula aderezada con sal y aceite. Después hay que echarle un poco de crema de vinagre de Módena y repartir las flores de Tête de Moine. En algunos supermercados, sobre todo ahora que se acerca la Navidad, las podéis encontrar aunque las envasadas suelen ser más gruesas y más empalagosas que si os cortan al momento las delicadas flores de queso.

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