Una comida casera digna de reyes

En casa, desde que era pequeña, la mayoría de escapadas estaban acompañadas por buenas comilonas. Que habíamos pasado la mañana jugando en la nieve, pues una buena escudella. Que habíamos visitado el monasterio de Santes Creus, pues una buena calçotada. Y si era con amigos, mejor que mejor. De hecho, lo importante era reunirnos y la visita a algún sitio de interés turístico era sólo para justificar la comilona.

La Fonda dels Àngels
La Fonda dels Àngels

Es lo que nos pasa con Montblanc. Fuimos hasta allí para comer en La fonda del àngels, un restaurante pequeñito regentado por un matriarcado (la abuela, la madre y las hijas se ocupan de las mesas y la cocina mientras alguna nieta corretea por allí) en el que las espinacas gratinadas y la berenjena rellena hacen llorar de lo buenas que están y la crema catalana, ¡oh! A mi no me gusta pero acabé pidiéndome una ración de lo buena que está. El menú son unos 21 euros pero de verdad que vale la pena.

En cualquier caso, ya que íbamos hasta allí y como ya habíamos visitado este pueblo medieval, decidimos salir un poquito antes para visitar el monasterio de Santa Maria de Poblet. Ramon Berenguer IV, conde de Barcelona, donó en 1150 las tierras de Populetum, que en latín significa alameda y que se encuentran a los pies de las montañas de Prades, y la primera comunidad se estableció en 1153 y la construcción empezó una década después. Reyes y nobles hicieron múltiples donaciones y el cenobio fue creciendo.

Poblet, con tres recintos enmurallados, tenía enfermería, farmacia, cementerios, jardín de plantas aromáticas, molinos, panaderías, granjas e, incluso, un calabozo. De hecho, en 1991, la Unesco lo declaró Patrimonio de la Humanidad por ser una de las abadías cistercienses más grandes y completas del mundo. Y es que Poblet fue uno de los monasterios más importantes de los 800 que tuvo el Císter.

El comedor de los monjes del coro
El comedor de los monjes del coro

El monasterio gira alrededor del claustro, desde el que se puede acceder a la biblioteca, el comedor, la enfermería, el locutorio, la sala capitular y la iglesia de San Esteban, entre otros, como la cocina, que tiene dos ventanas que se usaban para pasar la comida al comedor de los monjes del coro y al de los legos (los monjes procedentes de familias pobres que no sabían leer y se dedicaban a labores como la carpintería o la cocina). Unas escaleras conducen a uno de los domitorios, un buen ejemplo del gótico civil catalán.

Con el fin de la Corona de Aragón, empezó la decadencia del monasterio pese a los intentos de los abades, uno de ellos encargó en 1526 el retablo de alabastro de la capilla mayor, cuyo coste fue tan desmesurado que provocó la sublevación de los monjes, que lo condenaro a reclusión perpetua. Las guerras del siglo XIX no hicieron más que acentuar la decadencia y en 1822 los monjes fueron expulsados por los sometents y algunos tuvieron que refugiarse en casas particulares mientras el monasterio sufría incendios y saqueos.

El retablo que sublevó a los monjes de Poblet
El retablo que sublevó a los monjes de Poblet

No se salvó ni el panteón real creado por Pere el Cerimoniós en 1340 y en el que fueron enterrados tanto él como Jaume I el Conqueridor, Alfons el Magnànim, Martí l’Humà… (fue panteón real de la Corona de Aragón junto al monasterio de Santes Creus). Las tumbas fueron saqueadas y los restos, esparcidos en 1835. El rector de la Espluga del Francolí recogió los restos y los guardó en la iglesia del pueblo varios años. Los de Jaume I fueron enterrados en la catedral de Tarragona en un sepulcro en forma de barco que ahora se encuentra en el ayuntamiento de la ciudad.

Afortunadamente, en 1930 se creó el Patronato de Poblet para recuperar el monasterio y diez años después, cuatro monjes cistercenses volvieron a vivir en él. Ahora son unos 40 y las visitas están supeditadas a sus horarios. La verdad es que no entiendo el porqué de vivir encerrados y menos con el frío que hace allí, pero allá ellos. Los chicos que necesitéis un retiro espiritual podéis alojaros en la hospedería que regentan y que está vetada a las mujeres.

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