Tradiciones modernizadas

No me entusiasma la Navidad y no soy creyente pero algunas tradiciones hay que mantenerlas y, si es necesario, modernizarlas. ¿Un ejemplo? El belén que tenemos en casa, que, como marca la tradición, hemos montado este fin de semana. Mi chico y yo somos un poco freaks (y a mucha honra) y nos encanta Lego y Playmobil, así que os podéis imaginar qué pasó cuando descubrimos el belén de clicks. Y los Reyes Magos. Y Santa Claus… Sólo falta el caganer.

En fin, hoy os traigo otra tradición modernizada: el árbol de Navidad. El debate en casa no se limita a comprar uno de plástico o uno natural. Imaginar las bolas colgando de sus ramas y nuestros dos gatos esperando el momento oportuno para saltar encima… Nos frenaba bastante. Hasta que hace un par de años, la pareja de mi padre nos regaló uno pequeñito hecho de patchwork. Una monada de 30 centímetros hecho con cariño por una mujer extraordinaria de la que espero hablaros pronto.

Nuestro Rudolf
Nuestro Rudolf

Este año, sin embargo, hemos ido un paso más allá. De vez en cuando miro la web de Decoesfera y me encantó un árbol hecho con guirnaldas de luces, muy sobrio y elegante, pero parece que este año no están de moda las luces blancas. Así que me he decantado por otra opción que incluye lana, fieltro y silicona líquida. Hacía un millón de años que no hacía manualidades pero me ha encantado.

La verdad es que no tiene mucha complicación. Busqué dibujos que me pudieran servir, hice plantillas y recorté el fieltro de colores que, en algunos casos, pegué con silicona líquida (gracias al consejo de una madre experimentada que estaba en la tienda de manualidades). También usé algún palillo para evitar que se doblaran piezas finas y largas como la escoba del muñeco de nieve.

Una vez hechas las bolas de Navidad, algún que otro corazón, la estrella que debía coronar el árbol… y la figurita de la que estoy más orgullosa, mi reno, corté varios trozos de lana verde que até a un clavo (del que, pasadas las fiestas, colgaré un cuadro) y sujeté los extremos en el zócalo con algo de cinta adhesiva. Y después sólo tuve que colgar los muñequitos con unas minipinzas de colores.

Menuda tontería, ¿verdad? Pero me ha encantado hacerlo. A ver si hago manualidades más a menudo, que relaja y hay miles de posibilidades ahora que esto del do it yourself está tan de moda. Eso sí, no sé si el árbol aguantará hasta Navidad. Los gatos ya han mostrado su interés por la lana…

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