Nunca es tarde

Hoy se conmemoran (o celebran) muchas cosas y la actualidad no para. Así que, seguramente, el Día Mundial de la Enfermedad Pulmonar Obstructiva (EPOC) pasará bastante desapercibido. Tantas enfermedades, tantas causas, tantos días mundiales… Pero a lo que iba. La EPOC. Esa tos del fumador llena de mocos que puede acabar destruyéndote los pulmones. Se conoce por ese nombre porque más del 90% de los enfermos diagnosticados todavía fuma o lo ha hecho durante muchos años.

A grosso modo, la EPOC se produce porque los bronquios se inflaman y se destruyen los tabiques de los alveolos, que es donde la sangre se oxigena y elimina el dióxido de carbono. Los principales tipos son la bronquitis crónica (tos prolongada con moco) y el enfisema (destrucción progresiva de los pulmones), aunque la mayoría de pacientes presentan ambas afecciones.

Se calcula que el 9,2% de los catalanes de más de 40 años sufre esta enfermedad crónica cuya mortalidad, a diferencia de otras, no ha descendido. Además, aunque se trate, la función pulmonar perdida no se recupera. Los enfermos notan que se ahogan al hacer actividad física, por lo que tienden al sedentarismo y ello no hace más que agravar la situación y acaban ahogándose con actividades como vestirse o comer. La sensación debe ser horrible (lo es, lo he visto), como lo es morir por un cáncer.

En Estrenc, la felicidad absoluta.
En Estrenc, la felicidad absoluta.

Así que hoy os puedo decir con orgullo que hace 471 días que dejé de fumar (tranquis, acabo de calcularlo, conté los meses hasta el año). Solo me arrepiento de una cosa: de ese primer cigarrillo que compartí con unas compañeras de clase en un callejón. Y de no haberlo dejado antes, pues durante años prometí dejarlo al conocer el amor de mi vida y tardé en darme cuenta de quien era (toma cursilada).

Eso sí, no lo habría logrado sin mi chico, con su apoyo y enoooorme paciencia, resultó un poco menos díficil. Igual que el ejemplo de tanta gente que me rodea que lo hizo antes que yo: desde Maica a mi tía Monika (¡quién lo iba a decir!) o mi prima Lilian (que lo hizo por amor).

Ahora ya no apesto a tabaco, puedo oler lo mal que, a mi pesar, huele Barcelona (a contaminación, a cloaca, a porro, a contenedor de basura…) y los fumadores me inspiran compasión porque no saben lo que se pierden. Desde aquí les digo, parafraseando el lema del Día Mundial de la EPOC de este año, que “nunca es tarde”.

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