Entre ancianas, carros y turistas

Me encanta ir al mercado a comprar. Somos unos afortunados porque no hay en todas partes, aunque debo reconocer que las abuelas y sus guardaespaldas octogenarios me ponen de los nervios. Se intentan colar, no miran por donde van… el día menos pensado habrá una matanza. Un sábado dos matrimonios casi llegaron a las manos y no es broma. Pero es un territorio que los jóvenes debemos conquistar. Debemos ir a la plaza con el carro o el cesto sin miedo ni vergüenza y evitar que las abuelas se nos cuelen con descaro porque, pese a todo -incluidos los precios- vale la pena. La comida no sabe igual, la verdad.

Hay un mercado, sin embargo, en el que el peligro no son los jubilados sino los turistas: el de Sant Josep, más conocido como la Boqueria, aunque imagino que en el de Santa Caterina y el de la Barceloneta ocurrirá algo similar. Es imposible cruzar la puerta principal en línea recta y los primeros metros pueden resultar muy agobiantes a causa de los cientos de guiris que pasan a diario ante las paradas y sus resignadas dependientas. Es una ruina turística. Les hacen cientos de fotos a diario pero ni por asomo compran lenguados o una libra de judías verdes.

Es por eso que cada vez más paradas venden zumos y fruta cortadita en trozos, caramelos, bombones, empanadillas, cucuruchos de pescadito frito, pizzas… Otras, directamente, se han reconvertido en bares en los que los turistas se amontonan para coger fuerzas antes de seguir y en algunas paradas de legumbres cocidas, los cuencos se llenan ahora de comida casera lista para llevar.

La Boqueria y su adaptación al turismo.
La Boqueria y su adaptación al turismo.

Pero si avanzáis encontraréis las pescaderías, las carnicerías, las fruterías, paradas donde encontrar todo tipo de especies a granel… La oferta es interminable y hay productos de todos los rincones del mundo. Y el pescado sabe a mar. Mi padre solía comprarlo allí aunque no le quedaba muy cerca de casa pero el desplazamiento valía la pena, al menos para el resto de comensales. Así que anímate, coge el cesto, acércate a curiosear a este mercado centenario y aprovecha para comprar los ingredientes para una cena especial.

Un poco de historia

La Boqueria, con 2.583 metros cuadrados y más 300 puestos, es el mayor mercado, el que tiene más oferta y el más visitado de Cataluña. Fue inaugurado en 1836 aunque en ese lugar ya se celebraba un mercado al aire libre ante las puertas de la ciudad amurallada. Estaba fuera de Barcelona para ahorrar el impuesto de entrada de mercancías. Si es que esto de que la pela es la pela ya nos viene de antes, jeje.

Otro apunte, se llama de Sant Josep porque en 1586 los carmelitas descalzos, conocidos como los josepets, fundaron el convento de San José. A medida que la Rambla fue tomando importancia como paseo, en el siglo XVIII, se consideró necesario desplazar el mercado al aire libre y fue trasladado junto al huerto del convento, que fue asaltado e incendiado en julio de 1835.

Tras el incendio, se demolió, se expropió el terreno y se construyó una plaza con grandes columnas y pórticos a su alrededor. La estructura de hierro forjado con sus vidrieras, que actualmente están siendo restauradas, y la cubierta se inauguraron en 1914. Por cierto, la entrada del mercado está entre edificios que sobresalen porque antes la Rambla era más ancha.

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