La Viena de Orson Welles

La Ópera, el ayuntamiento, los palacios de Hofburg, Belvedere y Schönbrunn y sus maravillosos jardines, la turística y comercial Kärntner Strasse… Viena es una ciudad preciosa y podéis visitarla de la mano del personaje que más os guste, desde la emperatriz Sisi hasta Beethoven o Mozart pasando por la de alguno de los soldados rusos que lucharon para liberarla. Sin embargo, ni a mi chico ni a mi nos van mucho la música clásica ni las princesas y como él es tan fan de Orson Welles, la elección fue fácil. Además de los monumentos y espacios más emblemáticos de la ciudad y otros que no tanto, como la isla del Danubio, visitamos los lugares donde en 1948 se rodó El tercer hombre, de Carol Reed, y debo reconocer que me gustó y que no dejamos de tararear la melodía del tema principal.

Por aquel entonces, la derruida ciudad estaba dividida en cinco zonas con un sistema similar al que los aliados impusieron en Berlín tras la Segunda Guerra Mundial. Había una zona rusa, una inglesa, una norteamericana, una francesa y una central, que estaba vigilada por patrullas mixtas. Los productores Alexander Korda  y David O’Selznick encargaron a Graham Greene que escribiera el guión de una película ambientada en la Viena de posguerra aunque acabó escribiendo primero una novela aunque aseguró que era mejor la película, incluido el final que es distinto. Reed colaboró con Greene en la adaptación y fue el encargado de dirigir la película aunque la influencia del polifacético Orson Welles es innegable.

Holly Martins (Joseph Cotten), un escritor de novelas baratas del Oeste, no duda en viajar a Viena cuando en 1947 un amigo de la infancia, Harry Lime (Orson Welles), le promete trabajo. Sin embargo, su llegada coincide con el entierro de Harry y le explican, no sin múltiples contradicciones, que ha muerto atropellado. Holly decide investigar lo ocurrido bajo la sospecha de que quizá haya sido asesinado pues también descubre que Harry es un contrabandista.

Así que empezamos por la casa de Harry Lime. Se encuentra en el número 5 de Josephplatz. El palacio Pallavicini, con sus inconfundibles cuatro cariátides, se encuentra frente a Biblioteca Nacional Austriaca y a escasos metros de la Escuela de Equitación Española y los restos romanos de la ciudad que hay en Michaelerplatz. De hecho, al otro lado de la plaza empieza Herrengasse y en el número 14 está el precioso Café Central. Rascaros un poco el bolsillo y probad su espectacular pastel de queso mientras escucháis al pianista. Vale realmente la pena. O tomaos un bloody mary en el bar del hotel Sacher como hizo Welles durante el rodaje.

No muy lejos de allí se encuentra el Hoher Markt, donde se reunía la plana mayor del campamento romano y donde se cree que murió Marco Aurelio (¿recordáis el principio de Gladiator?). Las ruinas se pueden visitar pero no fuimos hasta allí por los vestigios romanos sino porque es aquí donde Holly Martins y Harry Lime escapan por las alcantarillas de la policía militar en una escena memorable. Eso sí, aunque Welles propuso alargar la escena, también se resistió a bajar alegando que podía coger el tifus o cualquier otra enfermedad.

Si pasáis por aquí (está muy cerca de la catedral de San Esteban), echad un vistazo al reloj Ankeruhr, aunque no os servirá para saber qué hora es. Un personaje vienés, desde Marco Aurelio hasta Haydn, cruza el pasillo que une dos edificios de la plaza para marcar la hora y a mediodía hacen la ronda todas las figuras.

La noria y el cementerio central de Viena. Foto: Marta París
La noria y el cementerio central de Viena.

Junto a la entrada de Belvedere Inferior pasa el tranvía 71 que os llevará directos al cementerio central (sin perderos ni dar vueltas innecesarias como decidimos hacer nosotros). Os recomiendo entrar por la primera puerta (hay una parada justo enfrente). Es escalofriante. Aquí no hay turistas, el silencio impera en este camposanto, que se extiende hasta más allá de lo que alcanza la vista, los árboles son enormes, hay miles de lápidas ennegrecidas y ladeadas por el paso del tiempo… Y en el centro una descomunal iglesia rodeada de las tumbas más ilustres. También hay espacios para judíos, musulmanes… y niños.

Dejamos para la última tarde el Prater. Es aquí donde, en 1898, el emperador José II ordenó construir la Riesenrad (noria gigante) con motivo de los 50 años de Francisco José en el trono. La noria es uno de los símbolos de Viena y, evidentemente, aparece en El tercer hombre. La entrada resulta algo cara teniendo en cuenta que se tardan unos diez minutos en dar la vuelta pero las vistas al atardecer son preciosas si hace bueno (una advertencia, Viena no tiene estación seca…). Es una buena forma para una primera toma de contacto con la ciudad o para despedirse de la capital del antiguo imperio austrohúngaro.

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5 comentarios en “La Viena de Orson Welles

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