‘Praga mortal’

Me encanta leer y me encanta viajar, así que no es de extrañar que cada vez que hago una escapada intento leer alguna novela ambientada en la ciudad o el país que voy a visitar. En 2007, por ejemplo, me fui a vivir un año a Suiza y poco tardé en agenciarme un ejemplar de Frankensetin o el moderno Prometeo, un clásico de la literatura gótica que, animada por Lord Byron, Mary Shelley empezó a escribir en una villa a orillas del lago Leman.

Y es que la literatura te permite viajar a lugares desconocidos, descubrir rincones escondidos y episodios de la historia que no te enseñaron en el colegio, y te genera aún más ganas de viajar. El año pasado mi chico y yo fuimos a Estambul y leer Muerte en Estambul, de Petros Márkaris, no hizo más que acrecentar mis ganas de llegar a la bulliciosa ciudad turca. Pero en este post no quiero hablar del comisario Kostas Jaritos -lo haré, sin duda, más adelante-, sino del detective Bernie Gunther.

El libro de este verano, en realidad uno de ellos, fue Praga mortal, de Philip Kerr. Por su parte, mi chico se decantó por La Praga de Kafka, de Klaus Wagenbach. Imagino que por los títulos habréis deducido que fuimos a la capital checa y que me encanta la novela negra.

Castillo de Praga
El puente Carlos, sobre el Moldava, y el castillo de Praga.

Praga mortal es la última entrega de esta serie ambientada en la Alemania nazi no apta para exfumadores. En esta ocasión, Gunther se ve obligado a pasar un fin de semana con un grupo de oficiales de las SS y el SD en la casa de campo de Praga de su antiguo jefe en el SD y actual Reichsprotector de Bohemia y Moravia.

En este caso, la actual capital checa no es un personaje más como en otras novelas o películas pero la línea que separa la realidad en la ficción es tan fina que cuesta diferenciarla. Todos los oficiales, o casi todos ellos, son reales, el trasfondo de la novela ocurrió de verdad… Resulta escalofriante leer cómo se fraguaban los campos de exterminio y cómo podía ser que los berlineses no supieran lo que ocurría en el frente del este. Claro que en esa época Internet y las redes sociales no existían.

Recorrer el castillo, visitar el gueto y su tétrico cementario con 100.000 sepulturas y 12.000 lápidas hacinadas en el pequeño camposanto… No tiene desperdicio, como tampoco pasear por las calles empedradas flanqueadas por casas de colores, las orillas del Moldava y los puentes, la plaza de la ciudad vieja con la iglesia del Týn y el ayuntamiento de estilo gótico (son muy Playmobil, de verdad). ¡Ah! Los amantes de la cerveza no dejéis de pedir una Kozel negra.

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2 comentarios en “‘Praga mortal’

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